227
27 de mayo de 2014
Miguel Tapia G.

Mi Hermano está sufriendo

Miguel Tapia G., Periodista

Tengo el corazón y la garganta oprimidos al escribir estas líneas.

Mi Hermano Muy Querido está sufriendo.

El Chino Mo-Wi, o –más bien- Gabriel Morales Wilson, soporta un cáncer que se ha instalado en su organismo más años que los sospechados y siente que sus fuerzas flaquean. Siente que está grave…

¡Él, que soportó estoica y heroicamente humillaciones, exilio, pobreza, persecución…!

Él, que supo sobreponerse disfrutando las pequeñas grandes cosas… Que sobrepuso su calidad de periodista, pintor, escritor, vividor, desvergonzado, amante irremediable, adorador de su Familia, admirador empedernido de su maravillosa Huasita –su mujer y Doctora-, constructor de sueños, fascinador de realidades… Él, que hizo de la vida una aventura sin límites… Él, se siente desfallecer.

El Chino me escribe: “Con mi soneto que ya te anuncia mi futuro entierro, me estoy despidiendo. La triste realidad es que hace semanas estoy agonizando, pero este maldito Chino de Porquería insiste por sobrevivir a pesar de todo…”

El Chino que ha sobrevivido a todas las batallas de la vida, de repente se entrega. Y no lo comparto.

Una Historia tremenda

¿Cómo llegué a ser Hermano de este Mo-Wi afincado –empujado por la dictadura- en algún rincón de la Francia esplendorosa, donde vivió admirando pájaros, mar, lagos y flores, y viviendo a concho como sólo pueden subsistir los sabios más sencillos?

La Marta Morales Álvarez viuda de Almarza era una Vieja maravillosa. Abogada liberal, aunque democratacristiana. No sé cómo me hice amigo de sus hijos Manuel (“Nonó”) y Rafael (“Rafa”). Y por cierto, de ella, Vieja sabia y progresista con quien siendo adolescente discutíamos de política cada vez antes de sumirme en la farra de amistades juveniles que frecuentábamos su hogar quillotano.

Por los años ’80, se afincó en Quillota su Hermano, Raúl Morales Álvarez, Premio Nacional de Periodismo, junto a su mujer, Helena Wilson (“La Huasa”, pseudocolumnista del diario “El Clarín”, donde él era el muy famoso “Sherlock Holmes); ambos ya ancianos. Ella, afectada por el Parkinson. Era una vieja naturalmente alocada. Había sido bailarina de ballet y escultora, con millares de divertidas historias de la bohemia intelectual capitalina a cuestas. Él, un viejo de tremenda pinta octogenaria, sumamente vivido, enorme intelectual, sabroso, genio de las letras y de la vida; sabio y profundo, entretenido y dicharachero. “El Macho Anciano”, se hacía llamar…

Pasamos c on ambos, junto a mi Familia, el terremoto de 1985. Se refugiaron con mi Mujer e Hijos en la carpa que levantamos en el patio de mi destruida casa.

Convivimos, disfrutamos, conversamos mucho, discutimos harto. Al fin, una primero; el otro después: ambos murieron asistidos entre mis brazos.

Disfruté la exquisitez de la amistad de sus hijos Miguel –ya fallecido- y Juan. Ambos muy cultos y de gran riqueza intelectual, sólida herencia de sus progenitores.

El vínculo: este sitio web

Quise y admiré desde un comienzo a esta fantástica Familia, al margen de las dudas, amores y resentimientos que se profesaba intestinamente.

Tiempo después de la partida de los dos Viejos Locos, escribí sobre ellos en mi incipiente ZonaImpacto.cl. Y de pronto recibí una misiva de un tal Gabriel Morales, hijo de Sherlock y de La Huasa, de quien no había recibido en referencia ni un leve murmullo de sus hermanos ni padres…

No dudó en manifestarme su admiración por este trabajo voluntario, quijotesco y gratuito. Y comenzó a colaborar con artículos que de inmediato revelaron a un periodista y escritor de inigualable estilo, de un humanismo sin límites, de una sinceridad abismante y de una visión política envidiable.

El Chino en Chile

Poco tardó El Chino en relatarme parte de su vida.

Al tiempo que escribía para este medio sus “Crónicas del País de Ys” –un lugar de Francia surgido de su ilimitada imaginación- produjo para ZonaImpacto.cl sus preciosas “recetas” culinarias –inigualables, por cierto, y matizadas de bellísimas historias- en la columna que inventó para este espacio: “Cocina para machos”. Algún día las volveré a publicar porque son demasiado sabrosas.

Me contó que partió al exilio poco después del golpe militar de 1973. Deambuló por Europa y se afincó en el País de Gales, donde tuvo varios empleos, viajó, pintó tan maravillosamente como sólo los locos lo hacen y escribió como redactan los sabios más sobrios: también con locura.

Creyó en mi modesto proyecto, que –como él- nunca tuvo pretensiones.

Y me confesó que había decidido no volver jamás a su Chile tan querido, porque lo sentía un país herido, donde el pueblo se convirtió en sociedad individualista y la solidaridad en consumismo. Donde los héroes que se suponía enfrentaron a la dictadura ahora era una tropa de acomodados que usufructuaba del poder y la confianza ciudadana.

Gracias a la cibernética, conversamos mucho, ¡mucho! Y lo convencí de venir.

Lo recibí en mi casa de Valparaíso. Tuve el honor de acompañarlo al Cementerio del Cerro Mayaca en Quillota, donde enfrentó con indecible emoción  la tumba de Sherlok y La Huasa, sus padres. Intercedí mañosamente para que se encuentre con sus primos –Nonó y Rafa, hijos de mi fallecida amiga Marta- y con sus hermanos. Conoció a mi ex Mujer y a mis Hijos.

Vivimos momentos dichosos en Valparaíso y Quillota.

Hasta que se fue de regreso a su onírico País de Ys… Satisfecho, quieto, cargado de esas emociones que sólo los sensibles hasta el infinito pueden soportar.

El momento de la tristeza

He salvado con vida de los terribles atentados de la dictadura y soportado gravísimas enfermedades que me declararon desahuciado en cuatro oportunidades. Por cierto que he sufrido harto (pero también he gozado demasiado).

Por eso comprendo y comparto tan profundamente a mi Querido Amigo y Hermano Chino Mo-Wi (de Morales-Wilson).

Lean parte de uno de sus recientes mensajes, emitidos sólo para mí, pero que no puedo evitar compartir para que se duelan conmigo:

Tú sabes que no me gusta mentirme. Para qué negar que aún me aferro a esta existencia, mismo si ya no es vida, ni siquiera un simulacro; simplemente el tipo que teme dejar este mundo para ir hacia ninguna parte. Entonces me digo que no deseo dejar sola a mi Huasita, a los nietos, a los hijos. Aunque ellos, en el fondo, quisieran que el ‘Viejo’ deje de sufrir y que parta de una bendita vez…

Sí: conozco ese sentimiento y lo comparto. Pasé por eso, y sobreviví. Por eso dudo de que exista la muerte. En mi texto “La Última Puerta, apuntes sobre el tema del suicidio” planteo si la muerte no será seguir viviendo en la existencia paralela, en la dimensión simbiótica.

Entonces se produce algo terrible, como el tener de obligarte a irte cuando ya tanto quieres aferrarte a durar por un par de semanas más”, prosigue uno de los más recientes mensajes de El Chino. E insiste: “Te mando mi último artículo”.

Yo te digo…

Yo proclamo hoy, en la soledad de mi habitáculo quillotano, que el Chino Morales sabe mucho de la vida, pero nada de la muerte.

Chino, prepárate para seguir creando, para continuar agigantando tu enorme figura tan intelectual como vivencial… Ese equilibrio inseparable de chacota y gravedad…

Mo-Wi, este espacio digital que también forma parte de tus sueños es refugio de tu espíritu encendido… No te dejes seducir por la Muerte… Supera la lasitud… Emerge como lo hiciste tantas veces antes, cuando había que vencer el estigma en que nos sumergió la dictadura.

Te recuerdo tus propias palabras: “¡Pero por qué este Chino de mierda se levanta y anda! Por qué sonríe y sigue hueveando a las enfermeras que adoran estar conmigo y hasta me permiten un pequeñito agarrón de vez en cuando. Conversamos, me cuentan sus vidas, sus problemas, sus penas de amor. Cuando se libran de sus tareas se vienen a mi cuarto hospitalario o bien, a darle una manito a Patricia (“Huasita”) durante el día...

Eres el Chino irremediable, Gabriel de la energía incontenible, el Periodista, Artista, Creador irremediable… El sempiterno gozador de las pequeñas y grandes algarabías.

¡Fuerza, Hermano! Sigue creando, no te canses ni te entregues.

Hermano Querido: eres demasiado grande.

Director responsable: Miguel Tapia González [director(a)zonaimpacto.cl] · Webmaster : Javier Tapia Donoso