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27 de mayo de 2014
Chelo

Amor a la vida

Autoentrevista prescindible.
Por Chelo

¿Por qué trabajas en cama, con tu notebook, en vez de hacerlo en tu famosa “sala de partos” con tu PC estacionario y cómodo sillón?

-Estoy achacoso. Me duelen la espalda y todo el costado izquierdo.

Bueno, los años pasan y no debieras quejarte…

-¡No me quejo…! ¡Para nada! Estoy muy consciente que he envejecido y que no puedo estar como hace 30 años.

Además, debe haber secuelas de tantas cosas…

-Pero ¡claro! No olvido que fui desahuciado cuatro veces, que estuve con muerte clínica y que alguna vez fui sumamente apaleado… Los golpes pasan la cuenta tarde o temprano.

Pero a pesar de eso, te ves bien. Al menos puedes trabajar sin grandes dificultades.

-Mira, le doy harto al trabajo. Cumplo una pega muy intensa y no me canso; solamente me da lata tener que aguantar estos dolores.

¿No te cansas?

-Es que trabajo contento; me siento bien tratado y considerado. Llego de vuelta a casa directo a la cama, pero me interrogo si lo hice bien y me siento satisfecho. Entonces, cierro los ojos y duermo bien, profundamente, y amanezco como nuevo.

¿O sea que crees que lo estás haciendo bien?

-No sé qué tanto, pero cada noche verifico que lo que hice salió bien. Y mi Jefe no me ha reprochado nada… Hasta ahora.

Lo importante es que sigues vivo y vigente.

-Eso me mueve a risa… Cuando alguna persona sabe lo que he pasado, me dice: “La suerte tuya que no te has muerto”. Y yo me pregunto si realmente eso es tener suerte.

¿No lo es?

-Primero, razono que vivo por la sola casualidad de no haber muerto nunca; no es mérito personal. Segundo, no sé qué tanta suerte es seguir viviendo… Para nada.

¿Cómo es eso?

-En realidad, lo he pasado harto mal en la vida. Pero también lo he pasado súper bien. He recibido mucho: cuatro hijos maravillosos, tres magníficos varones son mis queridísimos Nietos. Y el “postre” de la vida es mi fascinante Nietecita, Julieta, una bebé preciosa, cautivadora, que me enloquece… Es una Niñita que sólo sonríe, cuyos ojos deslumbran de Amor… Y su mirada acaricia y magnetiza…

¿Entonces? Eres un hombre privilegiado.

-Sí, eso es. Pero hoy me objeto el motivo de vivir. ¿Para qué? Vivir solo, pensando en los demás. No tiene sentido, lo considero absurdo.

O sea, eres un insatisfecho porque no tienes pareja.

-Tengo amigas y podría tener una pareja… O más. Pero en ese sentido, me puse desconfiado. Me dolería demasiado un nuevo fracaso.

No te quejes, entonces…

-¡Si no me quejo! Lo que pasa es que cada día le encuentro menos sentido a la vida.

O sea ¿no le tienes amor a la vida?

-Siento un gran amor por la vida, que me ha dado tanto. Pero –como todo amor- este no tiene por qué significar aferrarse a ella con dientes y muelas.

¿Algún trauma?

-Capaz que tenga uno, y demasiado trascendente. Es haber conocido el precioso estado de estar muerto… De flotar, desplazarse por algún lugar indescriptible sintiéndome extremadamente ligero, sin peso, ni materia corruptible, ni nada que te rodee o entorpezca ese sentido de libertad infinita… En un espacio donde sólo eres una leve energía que no tiene que parecerle bien a nadie (porque no hay nadie), donde no hay colores ni sombras ni nada… Eres sólo tú y ese espacio inmaterial que subyuga…

¿Te gusta la muerte?

-Me atrae, pero el problema no es ese sino que me siento muy cansado de vivir.

¿A los 65?

-Exactamente. Lo que pasa es que he vivido demasiadas cosas; he estado en muchísimas partes, en toda circunstancia… Me han perseguido, ofendido y amado con pasión. Y también he amado mucho, mucho. ¿Qué más se hace en este mundo?

Bueno, se vive…

-Vivir por no haberse muerte… Es fome, sin sentido. Hay que vivir por algo.

Por ejemplo, por una sociedad más justa, por compartir con hijos y nietos, por repartir amor por todos lados.

-Claro, eso es justamente lo que me cansa.

¿Qué cresta es lo que quieres, entonces?

-Algo muy sencillo, pero extremadamente difícil: sentarme quietamente, serenamente, a esperar el final.

Pero no se puede…

-Eso: desgraciadamente, no se puede…

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