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21 de febrero de 2014
Alfonso Alcalde

Ríe payaso llora

Cuento inédito de Alfonso Alcalde

Lo que le llamó la atención al empresario fueron los parches de “La Chepita”. Parecían como esas banderas colocadas en los palos de las exposiciones, bien azules, verdes, cocidos con hilo grueso. Nosotros le dijimos: “Toca la guitarra como si sacara la música de un disco.” Solo al final de nuestra conversación se vino a dar cuenta que “La Chepita” era una culebra y el reptil le hizo un guiño de ojo con una maliciosa sonajera de las pestañas y como el empresario era bastante mujeriego ya por ese lado nos fuimos colocando. “La Chepita” todavía lucía los pergaminos de cuando fue bailarina en el cabaret “El poto abundante” de Valparaíso. Claro que ahora último había enflaquecido con las privaciones sufridas y ya no era la misma de antes cuando enloquecía a los hombres. Varios prósperos hombres de negocio dejaron hogar y familia en su afán por conseguir sus favores. Esa fue su época de oro. Después le vino el decaimiento y debió ampliar su repertorio bien como cantora o imitando a Chaplín con sus zapatos grandotes dando vueltas el bastoncito.

-Tate, dijo. Ustedes son los mismos que trabajaban de cuidadores de leones cuando se robaron la fiera. Y encima tienen cara para venir a presentarse de nuevo.  Este es el colmo de la frescura. No les da vergüenza –siguió gritando- dejarse a robar el Rey de la Selva.

El Salustio sin darse por aludido le preguntó:

-A propósito, ¿usted conoce el actual paradero del animal? Sería una satisfacción para nosotros irle a saludar de acuerdo con las reglas del protocolo.

El empresario dijo con algo de orgullo:

-Ya no trabaja como león. Se retiró de las pistas. Lo emplearon de portero en una mansión de ricos elegantes, ahora anda con guantes blancos y zapatos con polaina. Está un poco canoso, pero eso le da más categoría y le ha robado el corazón a las fámulas de la mansión. Ahora está pololeando con la dueña de la casa que está casada con un viejuco inútil.

El empresario empezó a darle vueltas al asunto del robo:

-Se necesita ser muy de las chacras para que alguien entre en la jaula donde estaban ustedes armados con dos trabucos y encima se dejaron robar el león delante de sus propias narices.

Al empresario se le terminó ablandando el corazón. Dijo:

-No lo hago por ustedes sino por la culebra. Debe ser madre de familia y quizás cuántos hijos tiene a sus expensas.

-Que La Chepita es madre soltera, saltó El Salustio con descrédito en la boca. Le contaron el cuento cuando fue jovencita.

El jefato advirtió:

-Los tomaré a prueba. Trabajarán por la pura comida. ¿Les conviene?

-¿Con postre o sin postre? Preguntó El Salustio con cierta curiosidad.

Le anunciamos el estreno de un número “Las alegres noches de la culebra descocada” que iba a ser el plato de fondo para delicia de la concurrencia, porque “La Chepita” se desnuda poco a poco y los viejos de la primera fila llegan a quedar turnios.

El empresario nos pasó los uniformes de trabajo preguntándonos cuáles eran nuestros sobrenombres para ponerlos en la propaganda:

-Yo voy a usar mi antiguo apócope “Montes de Oca” –dije.

El Salustio agregó:

-De ahora en adelante y hasta el mismo día de mi muerto cargaré sobre mis hombros el apelativo de “Tony Zapatín” y la culebra seguirá como “La Chepita” que es su nombre de pila.

Empezamos a probarnos los trajes y entramos por una de las mangas y no teníamos por dónde sacar nuestras corporaciones dando manotazos de ciego como si estuviéramos ascendidos en un tonel preguntando:

-¿Quién vive?

Le dijimos al jefato que íbamos a cruzar hasta la picada “La patá en la raja” pa servirnos una agüita mineral y refrescar el güergüero y lucir nuestras voces naturales entre la concurrencia . Pa mayor confianza –le dijimos- queda “La Chapita” en calidad de garantía. La culebra advirtió:

-No se les vaya a pasar el tejo, hocicos de cocodrilo. No es la primera vez que me dejan en prenda y después no aparecen más.

Cruzamos mirando el edificio donde funcionaba el local y que serviría de testigo de nuestra definitiva consagración como artistas de prestigio. El circo funcionando en pleno invierno y por eso estaba instalado bajo techo.

Al entrar a la borrachería nos encontramos con el colega “El consomé de tachuelas”, famoso en su tiempo cuando representaba el número consistente en tragarse media docenas de ampolletas y  después le aparecían unas palomas por la parte trasera. Se había dedicado a la bebida y el vicio se le representaba en plena cara ya sea en forma de mariposas y otros animalitos. Elefantes, jirafas y cocodrilos. Tigres, cosa curiosa, no tenía dibujados en las mejillas. Se nos abalanzó diciendo:

-Se ven más elegantes que la yegua del tony, mientras nos recorría de arriba abajo tocando la calidad de la tela de nuestra indumentaria.

Entonces nos pagó unos palmetazos de felicitación. Y como nuestros trajes habían estado mucho tiempo guardados en los baúles empezó a salir una humareda cubriendo todo el bar con una neblina muy espesa. Una vieja empezó a gritar: ¡Aire, aire!” mientras se escuchaban unas carreritas por el bar. Alguien gritó: ¡Al perro muerto, al perro muerto! Y cuando por fin se disipó la atmósfera no quedaba ninguno de los parroquianos. Todos arrancaron sin pagar y hasta nosotros –para no ser menos- nos fuimos a reunirnos a otra borrachería ubicada como a media cuadra del lugar del siniestro.

Después “El consomé de tachuelas” se puso sentimental y le recordó a los parroquianos  la noche cuando El Trúbico vivió uno de los momentos culminantes en un circo.

Si me acuerdo como si fuera hoy, dijo. La carpa estaba de bote en bote cuando el Señor Corales se presentó en la pista para anunciar:

-Ahora viene el gran desafío, gran. Sonaron unos tambores y ¿qué no aparece un inmenso toro echando fuego por las narices y encima raspaba el suelo. Al poco rato empezó a salir un chorro de petróleo del centro de la pista y así la concurrencia pudo llenar algunos barrilitos para llevárselos a la casa.

El mago empezó a abrir las primeras botellas. Los parroquianos chocaron los vasos entre sí, mientras escuchaban el relato del “Consomé de Tachuelas”.

Hay cien lucas, ofreció el Señor Corales a los espectadores del circo, para el que se atreva a lidiar con el animalito. Antes sí le tomamos la medida porque la urna corre por cuenta del circo y también el sepelio y las coronas. Se trata de agarrar de los cachos y tumbar al animalito.

Un gracioso le contó la firme al compadre:

-El toro es de mentira y lo rellenan dos patipelados. Entonces resulta chancaca ganarse el premio. Por último se puede llegar a un arreglín con los dos emparafinados de adentro y con unas pocas lucas se dan por vencidos. ¡Están regalando la plata!

Entonces El Trúbico se puso a gritar:

-A este toro lo voy a hacer puré.

Se escuchó un solo ohhhhhhhh de asombro.

El toro le agarró mala de un viaje. Entonces El Trúbico pa azuzarlo le espetó:

-Este toro tiene facha de colipato. El otro día lo vi entrando con un fulano al hotel “Los placeres” de la estación, acompañado de otro toro.

  Pero el día en que El Trúbico desafió al toro los cumpimpas que trabajaban dentro del toro se pegaron la fallada y como el empresario era un hombre con mucho amor propio, contrató los servicios de un toro de verdad que tenía muchos finados a su haber.

-Voy con 50 lucas al toro, gritó uno de los cufifos que estaba en el bar.

-50 a favor de mi compadre, aceptó El Salustio.

Empezaron las apuestas bien a favor de la bestia o del payaso y hasta un grupo que estaba jugando al cacho en una de las mesas del fondo se acercó para presenciar el combate. Apenas soltaron la bestia rompió la fiambrera del bar en medio de una crujidera de vidrios rotos, quesos y perniles. Los más cobardes se subieron a las sillas. El toro a la primera de cambió embistió al Trúbico y de una sola cornada lo lanzó por los aires.

-Que te vaya bien, le dijo haciendo una viscera con una pato. Escribe y manda fruta.

Varios de los presentes sacaron sus pañuelos y lo despidieron sin poder evitar las lágrimas tratando de ubicarlo en alguna parte del establecimiento.

Ojalá vuelva antes de terminar el año, dijo uno de los apostadores que estaba a favor del animal.

Al rato aterrizó El Trúbico bastante abollado y el toro lo volvió a embestir pero esta vez lo metió de cabeza en el W.C. después de arrasar con cuanta silla y mesa encontraba por el camino. Lo sacamos de la taza con los ojos medio vidriosos mientras comentaba:

-Choqué de frente con la locomotora ¿hay sobrevivientes?

La bestia seguía afilándose la cornamenta y hasta pidió un trago. El Trúbico para tocarle el amor propio le dijo:

-Soi de la misma calaña de tu hermana conocida aquí en el barrio como “La emboque de los necesitados”.

-Las vacas cuando salen putas son pior que las gallinas –dijo uno de los cufifos aumentando su apuesta a favor del compadre. El toro le advirtió:

-Tu vai a ser próxima víctima cuando termine de aniquilar al payaso.

-Ahora o nunca, le gritaba El Salustio animando a su compadre, pero el toro llegó a zapatear encima de él y como si fuera poco lo orinó regándolo de la cabeza a los pies como si fuera macetero y para finalizar la fiesta le puso la pata encima con una cara de desprecio total.

-Esto te pasa por patudo, le agregó por lo bajo.

El Trúbico se paró como pudo y le dijo:

-Ahora te voy a hacer un nudo ciego y ni un marino te podrá desatar.

Se fue de cabeza, pero reaccionó sujetándose los pantalones. El toro se limaba las pezuñas satisfecho de su hazaña dando por descontado su triunfo.

Vamos a hacer un aro dijo “El Consomé de tachuelas” llenando los vasos de todos los concurrentes, incluso el de la bestia.

-Ahora sí, dijo El Trúbico escupiéndose las manos y partiendo a la carga. Se terminó la fiesta. Si a este bagre le di pura largona. Ahora lo vai a ver todo nublado, amenazó.

Tomó al toro por sorpresa y se aferró a un cacho y al darle vuelta y vuelta como si tratara de desatornillarlo, se quedó con todo el artefacto en la mano.

Miró para adentro del hoyo que le quedó en la cabeza al animal.

-Hay una vieja tejiendo, notició a los que estaban viendo la pelea con los vasos en la mano.

Se trenzó en una lucha cuerpo a cuerpo y de un salto lo agarró de las bolas mientras le gritaba:

-Silba, silba maldito. Ahora te quiero ver.

El animal intentó silbar aunque la música salía con harta saliva en medio de las risotadas de los curados.

Pídanle algún valsecito exigía El Trúbico dispuesto a no soltar la presa en medio de los retorcijones de la bestia.

En uno de esos forcejeos el compadre se quedó con las bolas del toro en la mano y aprovechándose de otro descuido lo agarró de la cola y ahí mismo le empezó a dar manija tirándolo contra la estantería de las botellas. El toro se derrumbó.

-Me rindo –imploró la bestia. No me mate don Trúbico. Soy hijo único de madre viuda y soltera.

La concurrencia empezó a celebrar el triunfo del compadre con los vasos en alto pidiendo una nueva corrida. Los espectadores de la galería del circo se lanzaron a la pista gritando:

-¡Viva El Trúbico! Sacándolo en andas para dar la vuelta olímpica por los otros bares del barrio.

Fue una noche de gloria, reconoció “El Consomé de Tachuelas” ordenando otra seguidilla de botellas con un gesto redondo.

-La gloria es emífera, aseguró El Trúbico sin poder contener su emoción.

Los parroquianos lo tocaban sin poder creer que estaba entero.

Apenas terminó la batalla, recordó El Trúbico, me llamó el empresario para decirme:

-Amigo, me va a tener que pagar el animalito. Era muy corto de genio y había sido criado por unas tías solteronas manso como una oveja y por intriga de un familiar lo trajeron al circo presentándolo como bravo, cuando era incapaz de matar una mosca. Usted se debe haber dado cuenta. Si era puro juguetón y de no haberlo insultado de seguro que todavía le estaría pasando la lengua por la cara. Parece que iba tirando pa solterón. Le cargaban las vacas y le encantaba el tejido a palillo.

Por último llegamos al acuerdo de reponerle el toro cuando llegara el oro.

Regresamos al circo ya pasada la medianoche. No quedaba un alma y apenas se escuchaban los sollozos de “La Chepita”.

-Cuando a ustedes se les calienta el hocico no hay quién los pare –nos increpó-. Esta es la última vez que me dejan botada. De ahora en adelante voy a hacer sola mi número. Con cufifos ni a misa –refunfuñaba.

Entonces nos vimos vestidos con nuestra indumentaria de payasos en medio de la calle y la gallada nos tapaba a tallas diciendo:

-¡Cómprense un calendario pa que se ubiquen cuando es carnaval, despistados!

ALFONSO ALCALDE nació en Punta Arenas el 28 de septiembre de 1921. A los doce años fue enviado a Santiago para continuar su formación académica, pero el traslado no tuvo las consecuencias esperadas: en la capital de su país Alfonso no sólo decidió dejar sus estudios, sino también abandonar la tierra que lo había visto nacer.

Tras recorrer varias provincias argentinas, Alcalde cruzó la frontera y se instaló en la ciudad boliviana de Oruro. Durante ese tiempo, el joven chileno se ganó la vida como cuidador de plazas, camarero, ayudante de mineros y auxiliar de funeraria.

Su regreso a Chile no se produjo por un deseo, sino por la necesidad de estar en su patria que experimentó después de estar al borde de la muerte por el paludismo que había contraído.

Otra vez en territorio chileno, este aventurero comenzó a sumar experiencia en el mundo de las letras como colaborador del diario “El Sur”, trabajó en varias revistas, se desempeñó como profesor de Periodismo en la Universidad de Concepción, creó la colección “Nosotros los chilenos” y escribió más de treinta libros.

“Balada para una ciudad muerta”, “El panorama ante nosotros”, “Ejercicio sobre el tema de la rosa”, “Puertas adentro”, “La consagración de la pobreza”, “El árbol de la palabra”, “El peregrino del golfo” y “Las aventuras de la pulga Micaela” son algunos de los títulos que forman parte de la producción literaria de este hombre que falleció en la localidad de Tomé el 5 de mayo de 1992.

Sus últimos años los pasó en Tomé, donde compartió con varios escritores y artistas locales en lo que llamó «La galaxia de Tomé». Luego de una larga depresión, agravada por problemas a la vista (glaucoma) que le impedían seguir escribiendo, se suicidó el 5 de mayo de 1992, colgándose con un cinturón en un pequeño cuarto que arrendaba. Sus restos descansan en el Cementerio Municipal de Tomé, frente al mar.

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