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21 de febrero de 2014
Tortura

Los quince métodos de tortura más escalofriantes

Por: Rosario Pérez / Santillana del Mar (Cantabria)
De: ABC.es

Viaje a la época de la crueldad en Santillana del Mar. Lo localidad cántabra acoge en su ya famoso Museo de la Tortura casi un centenar de instrumentos que nos trasladan a tiempos despiadados, de ejecución y pena capital, de humillación pública y de sufrimiento en su máximo grado. Desde la Edad Media hasta finales del siglo XIX, la muestra se centra en los métodos usados en la Inquisición.

Esqueletos en jaulas colgantes, un verdugo hacha en mano y aparatos de los más variopintos recrean un ambiente tenebroso, donde aún parece escucharse el desgarrador alarido humano, los insultos a los «desviados» de la fe o ese olor putrefacto a piel quemada por hogueras o afilados látigos. Cuerpos mutilados, cráneos aplastados o lanzas que atravesaban el recto hasta asomar por la garganta. Escenas espeluznantes pero colmadas de historia que se han convertido en uno de los lugares más visitados de Cantabria.

He aquí diez de los métodos de tortura más escalofriantes, recogidos en la Guía de la exposición «Instrumentos Europeos de Tortura y Pena Capital», con objetos originales y logradas réplicas. Y no solo modos del ayer, pues como señala Naciones Unidas en el catálogo de la muestra, «desgraciadamente, estos han vuelto y mucho más sofisticados si cabe; hoy, las personas son torturadas a millares y de una forma tan sofisticada que casi ni nos percatamos de que se trata efectivamente de tortura, sea cual sea el ropaje del cual se vista». Advertimos que las imágenes pueden herir sensibilidades. Abróchense el cinturón de los horrores para viajar hasta las tinieblas más translúcidas:

1. La doncella de hierro. Con forma de sarcófago antromorfo con dos puertas, y con clavos en su interior que penetraban al cerrarlas en el cuerpo de la víctima, la primera ejecución con este método se remonta al 14 de agosto de 1515 cuando un falsificador de monedas fue introducido. Relato espeluznante de de Gustav Freytag: «Las puntas afiladísimas le penetraban en los brazos, en las piernas, en la barriga y en el pecho, y en la vejiga y en la raíz del miembro, y en los ojos y en los hombros y en las nalgas, pero no tanto como para matarlo, y así permaneció haciendo un gran griterío y lamento durante dos días, después de los cuales murió».

2. El hacha del verdugo. Mientras en la Europa central y nórdica era más frecuente la decapitación con espada, en la Europa gala y mediterránea se usaba el hacha. Los verdugos se entrenaban intensamente con animales en mataderos para perfeccionar el acierto del golpe. Maña y fuerza que no eran iguales entre decapitados nobles que en plebeyos, con agonías más dolorosas.

3. La guillotina. Introducida por Joseph-Ignace Guillotin, este médico francés promovió una ley para que todas las ejecuciones, sea el individuo de la condición que fuese, se realizasen con una máquina que decapitara de «forma indolora», ya cayese la cabeza a un cesto o al suelo. Según se explica en el catálogo de la exposición, la primera se usó en París para ejecutar a un asaltante de diligencias en 1792.

4. El garrote. Mítico instrumento, en el que un tornillo hace retroceder el collar de hierro hasta asfixiar a la víctima. Existe también una versión catalana en la que un punzón de hierro rompe las vértebras y aplasta la tráquea.

5. La jaula colgante. Horroroso método que nos recibe en los jardines de El Solar de Santillana. La víctima, desnuda, era encarcelada en estos hierros y colgada. Hambre y frío, sed y quemaduras en verano, los cadáveres se dejaban a la vista del público hasta el desprendimiento de los huesos.

6. La rueda para despedazar. Después de la horca, era el método más común en la Europa germánica. Se desnudaba a la víctima y era estirada boca arriba en el patíbulo, con los miembros extendidos y atados a estacas de hierro. Bajo las muñecas, codos, rodillas y caderas se colocaban trozos de madera. El verdugo propinaba golpes violentos con la rueda hasta machacar cada hueso. Un cronista alemán lo describía así: «Una especie de gran títere aullante retorciéndose como un pulpo gigante de cuatro tentáculos, entre arroyuelos de sangre, carne cruda, viscosa y amorfa mezclada con astillas de huesos rotos». Era uno de los métodos más populares, en el que los cuervos acababan desprendiendo los ojos del torturado.

7. La cuna de Judas. «Este procedimiento prácticamente no ha cambiado desde la Edad Media hasta nuestros días. La víctima es izada y descendida sobre la punta de la pirámide, de tal forma que su peso reposa sobre el punto situado en el ano, la vajina, bajo el escroto o bajo el coxis», reza en el mencionado catálogo, obra de Robert Held.

8. El aplastacabezas. En este caso, la barbilla se coloca sobre una barra y el casquete es empujado por un tornillo. Primero se destrozan los alvéolos dentarios, después las mandíbulas, hasta que el cerebro se escurre por la cavidad de los ojos y entre los fragmentos del cráneo.

9. El cepo o brete. El reo era aprisionado sobre una tabla por los pies y las manos para ser exhibido sobre una tabla en la plaza pública, donde recibía desde golpes o quemaduras hasta bofetadas. Era embadurnado con heces y orina, además de otras «perrerías».

10. La horquilla del hereje. Llamado también «pie de amigo», este aparato consistía en un collar de hierro del que nacían cuatro puntas muy afiladas y que se clavaban en la barbilla y el esternón.

11. La silla de interrogatorio. Con la víctima al natural, sin más ropajes que su piel, era colocada en un sillón con cientos de puás de hierro, pinchos que se clavaban en el cuerpo y que podían convertirse en un calvario aún mayor cuando eran calentados por una antorcha. La electricidad hace hoy dicho efecto...

12. El toro de Falaris. Atribuido a un tirano de Sicilia en el año 554 antes de Cristo, se introducía al ajusticiado en una efigie de bronce hueca y con forma de toro, que se colocaba encima de una hoguera, por lo que el astado se transformaba en un ardiente horno que hacía bramar a la víctima al serr quemada.

13. La pera oral, rectal y vaginal. Estos objetos se introducían en la boca, el recto o la vagina. En la muestra se señala que la peral oral se aplicaba «a predicadores heréticos y seglares reos de tendencias antiortodoxas; la vaginal etaba destinada a las mujeres culpables de relaciones con Satanás o con uno de sus familiares, y la rectal a los homosexuales pasivos».

14. El cinturón de castidad. Mucho se ha escrito sobre este humillante artefacto: unos aseguran que se usaba para garantizar la fidelidad de la esposa durante las ausencias del marido, sobre todo de los que partían a Tierra Santa; otros historiadores afirman que se usaba como barrera contra la violación, especialmente en la época de acuartelamiento de soldados. Incluso se dice que muchas mujeres se lo colocaban por iniciativa propia «por temor a sufrir la agresividad masculina».

15. La máscara infamante. De muy distintas formas, las máscaras eran colocadas a aquellas personas que protestaban contra el orden o el poder machista. La mayoría eran mujeres que recibían este castigo bajo el siguiente axioma: «La mujer calla en presencia del macho».

... Y muchos métodos de tortura más: el péndulo o garrucha, el aplastapulgares, la cigüeña o hija del basurero, las arañas españolas, el potro en escalera, el collar de púas punitivo, el cinturón de San Erasmo, el desgarrador de senos, el violón de las comadres, las tenazas ardientes, el cilicio de pinchos, las garras de gato, la flauta del alborotador, los collares para vagos y retinentes a misa, el rompecráneos, el látigo para desollar, la picota en tonel, la lanza o la trenza.

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