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31 de enero de 2014

Patriotas de pacotilla

Por Gabriel Morales Wilson

Nadie nos gana en lo patriotero. Basta ver un partido de fútbol internacional o cualquier espectáculo donde salimos triunfantes para exagerar nuestras manifestaciones en calidad de chileno y patriotas.

En eso somos campeones,  sin duda alguna.

En cambio, nos quedamos calladitos para no reconocer que nos estamos convirtiendo, voluntariamente, en nuevos “indígenas” del neocolonialismo, que poco a poco conquista a los países “emergentes” que, de emergentes tenemos únicamente el derecho a sacar la cabeza de la mierda donde nos ha sumido el capitalismo mundializado.

Es que nos gusta cuando el europeo o americano nos soba en la cabeza y nos dice que somos macanudos, chiquillos tan brillantes y simpáticos, que bien reciben en sus casas y hasta se ponen a bailar cueca para distraernos. Mientras tanto, estos gringos tan huevones y tontos, nos van robando nuestras riquezas nacionales, contaminando nuestro océano, suelo y agua, a cambio de unas cuantas moneditas o millones de dólares para quienes el país ha designado para defender nuestros intereses.

El pueblo realmente ama su país, pero está embrutecido por la propaganda permanente a través la TV, por el crédito fácil que lo transforma en esclavo por sus ansias de consumo, un individualismo que lo debilita frente al poder financiero abandonando la lucha sindical, la envidia del que tiene un poquito más y él no lo tiene, transformado en un siervo de unas castas que lo desprecian pero que lo necesitan cuando requieren su voto para mantenerse en sus privilegios. O bien, estas castas que lo explotan y le pagan lo justo necesario para que no se muera de hambre.

¿Es que realmente amamos a Chile? 

Desde este exilio voluntario, me acuso de no estar ahí, combatiendo contra el mal  que va destruyendo inexorablemente nuestro país. Incluso me digo que con qué derecho puedo criticar a quienes la dictadura produjo un verdadero lavado de cerebro en la ciudadanía que, de tal, solo tiene el titulo pero no los respectivos inherentes como tal. Ciudadano que tiene obligaciones y derechos.

Desgraciadamente, desde hace cuarenta años las castas dirigentes nos han ido privando de los derechos; por el contrario,  aumentando las obligaciones que consisten, fundamentalmente, en mantener un statu quo en beneficio de los quienes realmente tienen la sartén por el mango; es decir, la burguesía local, la casta política y militar, a su vez complaciente hacia los que en definitiva son realmente los dueños del país: los neo-colonialistas del Norte.

Nosotros, los” indígenas”, nos estamos convirtiendo en masoquistas, amén de pelotudos. No solo permitimos, por ejemplo, que los “blanquitos” utilicen nuestros países para que jueguen en su Rally “Dakar” en nuestro desierto de Atacama, destruyendo –de paso- nuestro patrimonio arqueológico, fauna y flora con el beneplácito de los  ministritos de cultura y deporte, que en un país que se respete, hace mucho tiempo lo hubiesen sacado con patadas en el culo de sus respectivas carteras ministeriales.

Eso es Chile.

Respecto al mal famoso Rally Dakar, con justa razón los africanos con más respeto de sí mismos, los echaron a balazos, luego que estos maravillosos choferes deportivos asesinaron más de 50 personas, entre niños y adultos, durante el rally que duró cinco años debido a la complicidad de los mandatarios de los países respectivos, vendidos al neo-colonialismo francés.

En Francia tiene mala publicidad. Basta poseer un dedo de frente, un mínimo de inteligencia, para denunciar este Rally Dakar que no es otra cosa que un desprecio a la pobreza de los países que lo han permitido, señalando incluso que el automóvil, la moto y los camiones son las nuevas armas de caza en un safari internacional, cuyos trofeos son los seres humanos y colgar sus respectivas cabezas en los muros de residencia de nuevos ricos.

Chilenos buenos para enarbolar de banderas en estadios, pero en ningún caso en marchas para defender a nuestros compatriotas en comunidades autóctonas. Buenos para ir saludar al “amo” que les muestra su nuevo juguete y, en lo posible, ser atropellado por uno de esos bólidos y así aparecer –¡al fin!- en la televisión, aunque sea con su muerte.

¡Que paguen de sus bolsillos, sinvergüenzas!

Nadie ignora, en Europa, que los organizadores del “Dakar” tienen la “mano larga” con los políticos que permiten desarrollar el rally en sus regiones o países. Ayer en África, hoy Argentina y Chile.

No veo por qué cambiarán de actitud cambiando de continente. No existe país que no tenga una casta política que escape a la corrupción. Especialmente en estos últimos decenios, cuando en Francia y otros países europeos, los escándalos debido a la corrupción ocupan periódicamente la primera página de los diarios.

Por otro lado, Francia se ha  desprestigiado tanto por aceptar sobornos como por sobornar a quienes compran, especialmente, armamento. De ahí que Brasil no aceptó la oferta francesa de aviones de combate “Rafale”,  cuyo gobierno tuvo miedo de ser acusado de ser corrompido.

En Chile, a defecto de no ser  “coimeados”, entonces podemos afirmar que además de ser antipatriotas, son imbéciles.

Personalmente, pienso que  podemos acusarlos de las dos cosas: corrompidos e imbéciles.

Es suficiente citar como botón de muestra al gobierno regional de Valparaíso, que  aprobó 728 millones de pesos para financiar la final del Dakar en el Puerto; quiere decir que son más que imbéciles.

En tal caso, no veo por qué los ciudadanos de nuestra Región van a tener que pagar la cuenta respectiva. Porque a ello se le llama “malversación de fondos públicos” y son penados por la ley. Entonces, por ser más “pelotillehues” que porteños, los condenamos a pagar su Dakar con su propio bolsillo. O a la cárcel en su dualidad ya caracterizada.

Sacarlos de nuestro desierto, echarlos con sus bólidos asesinos a la mar y que no regresen jamás a destruir nuestro patrimonio nacional.  Entonces tendremos derecho a enarbolar nuestra bandera y con  autentico orgullo nacional.

¡Seamos patriotas, chilenos, pero no “indígenas” del neocolonialismo!

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