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17 de diciembre de 2013
Gabriel Morales Wilson

De lo humano al Cosmos

Por Gabriel Morales Wilson

La vida y la muerte, estando contradictorias entre sí, forman un todo. No hay vida si no se termina en muerte. Desde el viaje iniciático, sin que tuviésemos conciencia de tal nacimiento, ni siquiera la memoria del primer grito luego del parto, la Naturaleza nos ofrece, simplemente, existir y darnos la ocasión de formar parte integrante del Universo.

De donde antes no hubo Nada, desde ese instante, existió el Todo. Con tu nacimiento.

A través del anuncio de la posibilidad de la muerte a corto plazo, adquirimos la conciencia que iniciamos el fin del viaje que, a pesar de haber plena conciencia que terminará en la muerte, es difícil aceptarla. ¿Por qué yo? ¿Por qué cuando no corresponde a mis proyectos futuros, mi modo de vida, mi respeto y cumplimiento de los principios de las dogmas de mi religión? Yo que...

-- ¡Sí, no es justo!- protestamos.

A partir de eso comienza la batalla de la vida contra la muerte. Exámenes, operaciones, radioterapia, quimioterapia o intentar nuevos protocolos que podrían retardar si tuviste la suerte de estar escogido para un tratamiento “revolucionario”.

Tal como lo señalé en mi anterior crónica, cada paciente responde diferentemente a un idéntico tratamiento. Agregué que actualmente el cáncer se transforma en una enfermedad crónica si es descubierta oportunamente en algunos tipos de cáncer. Otros, tenemos la mala fortuna de ser afectados por los pulmones, el páncreas y unos que conozco pero que de sólo nombrarlos me da un escalofrío en la espalda.

Prometí confiar el secreto que me ha logrado prolongar vivir más allá de lo probable, con algunas recetas que, a decir verdad, he ido recuperando intuitivamente en otros enfermos; documentos o estudios de científicos universitarios y que, al mismo tiempo, ejercen como médicos especializados en oncología y especialidades tanto de biología- genética y otras, sin olvidar por cierto la infatigable lucha de una mujer por prolongar la vida de su marido: Patricia, mi Huasita.

Entre número y número de “zonaimpacto cl.”, reflexioné que, por primera vez, confiaré lo que desde hace doce años ha sido otro “leitmotiv” vivencial.

Previamente, aclaro que en ningún caso mi crónica tiene un rol de convencer, aunque me he permitido criticar a quienes han utilizado tal extraordinaria experiencia, como un medio proselitista y denuncio abiertamente tales acciones que van en contra de sus “tan” profundas creencias religiosas.

La virtual dimensión

En dos crónicas publicadas en “zonaimpacto.cl”, “La muerte inminente y el mensaje de Bachir Fahim” y la que encabeza este párrafo, “La virtual dimensión”, me escondí en mis personajes para relatar mi propia “experiencia cercana a la muerte”, convencido que tal vivencia (Sí,” vivencia”) pertenecía a mi intimidad, porque a pesar de haber recibido tanto por un lado una formación de seminarista como de otra, posteriormente, reconocer ser influenciado por los pensadores agnósticos, me era aún difícil aceptar una revelación de tal magnitud y en sí misma magnífica, cuando uno duda si tal “viaje” era de un producto anestésico u otro tratamiento destinado a salvar mi vida y, en lo ideal, sacarme de un prolongado coma sin manifestación alguna de actividad cerebral, que continúan algunos médicos como causa de la ECM.

Quienes me conocen o lectores que saben leer entre líneas, hace bastante tiempo imaginan que en cualquier instante puedo partir, morir. “Nadie escapa tanto tiempo con tal cáncer”. De ahí que siempre repetía: “La vida es una enfermedad mortal”, o bien: “No tengo miedo de morir pero sí dejar de vivir”.

¿Quién ansía dejar a los seres amados? Porque, lectores que también están sufriendo su respectivo cáncer u otra grave enfermedad, los sufrimientos, estos feroces dolores que no hay nada que los calme, que pedimos que nos dejen solamente un ratito para gozar la Belleza que nos rodea o la que llevamos al interior de nosotros mismos, más bien llaman al descanso definitivo a sabiendas que no hay regreso posible de una tan alejada normalidad.

No obstante, seguimos en la batalla. ¿Un día ganado al lado de mi amada, no es más que suficiente como un justificativo?

Experiencia cercana a la muerte

Si se han dado la molestia de buscar en los archivos de nuestra revista, doy algunas pistas de lo que representa esta experiencia. Quienes la han conocido saben de lo que trato de explicar, a sabiendas que generalmente ansiamos guardar silencio, salvo decir únicamente que es muy difícil volver a ser el mismo que antes, aunque nuestras visiones no siempre coinciden entre ellas.

Con uno de mis conocidos, anestesista-reanimador, conversamos acerca las numerosas publicaciones de algunos de sus colegas o de pacientes que lo han conocido. Coincidimos que las publicaciones de carácter científico, merecían un profundo respeto, a sabiendas que constatando tales experiencias en sus pacientes, buscaban respuestas a las capacidades increíbles del cerebro. Asimismo, encontramos que algunos escritores relataban similares historias, aunque algunos basados en testimonios de anónimos para contar lo que nunca tuvieron ocasión realmente de vivir.

A fin de escribir esta crónica, fui a declaraciones en asociaciones (¡Hoy hay “asociaciones” para todo!) de ECM y de quienes han utilizado “YouTube”, buscando un instante de gloria televisiva en lugar de compartir tal experiencia.

Los que desprecio sin que logre perdonarlos (¡Un canallita contó su historia durante una hora delante un público que pagó su respectiva entrada!) que utilizan tal fenómeno --es la palabra que corresponde en este caso--, para una acción de proselitismo de carácter religiosa, sea de “evangelistas” tan a la moda, de gurús y otros que se llenan los bolsillos utilizando la fe del ser humano en un Creador.

Estos bandidos, no solamente han conversado con Jesús, han cruzado a “María” --decía sin respeto alguno como si fuese un personaje de telenovela-- y que la Virgen aprovechó la ocasión de agradecerle por el bien que él hacía por la humanidad y los cristianos. Incluso les autorizaba de hablar en su nombre, al igual que Jesús (“¡Qué hombre! ¡Era toda luz y qué maravillosos ojos azules!”).

Extraño: la gran mayoría de quienes han tenido una ECM, no tuvieron la misma fortuna de encontrarlos…

Otros, que van de sala en sala contando y agregando de más en más –según el público presente- su historia. Personalmente escuché un fulano de acá, en Francia, que luego de su discurso respectivo, había obtenido la “gracia” divina de conversar con los muertos, así que si alguien quería mandar un mensajito, ahí estaba el “nomás” para servirlos…

Desgraciadamente, no vi a profeta conocido. Peor todavía. No tuve la alegría que si hubiese tanto revivir, como reencontrar los míos, que ya han partido en el Cosmos Familiar. (¿Existirá tal Cosmos Familiar? ¡Oh, como lo quisiera!)

Recientemente, un neurocirujano gringo, Dr. Eben Alexander, escribió un libro cuyo título “La Prueba del Cielo”, ha sido saludado con una publicación en el sitio de “Newsweek”, que ha provocado numerosas reacciones, incluyendo entre otras, algunas de parte de sus colegas, que consideran que solamente tuvo un “sueño”.

Si el Doctor estima que el “Universo” es el “Cielo”, no puedo rechazar su texto, basado en mi propia experiencia. No puedo afirmar si existe el infierno para los pecadores y el cielo para los que jamás han ido contra algún precepto moral. Tampoco, no conocí igual “viaje” como el suyo, ni siquiera alcanzando a través el LSD destinado a un reportaje, aunque no puedo negar que aún me persisten algunas imágenes a través del tiempo y el espacio. Ni siquiera lo obtuve luego de fumar una cuantas pipas de opio en un tugurio por ahí, en mi deambular por el mundo, llegué a tal descubrimiento que no sean mis propias ansias o miedos intrínsecos.

El Universo y su Belleza

Terminaré (¡ya lo ven: es tema de un libro!) relatando lo que todavía me mantiene en vida.

Descubrir, durante el coma, la Belleza del Universo, del Cosmos que te lleva a mil vidas y posiblemente ya experimentadas en unos cuantos segundos que únicamente existen en la Inmensidad Infinita.

Luego, regresar a lo ordinario luego de haber conocido, una vez más, la Alegría de vivir también en ese Universo indescriptible y de compartirlo con quienes has amado, te dices: “Viví y fui amado. Me fue suficiente para demostrar mi existencia en el Universo además de merecerlo”.

Entonces, si temes a la muerte, al tránsito de la vida a la muerte, de la muerte a la vida una y mil otras vidas, te invito aunque estos sean únicamente sueños. Pero yo que las viví, las seguiré viviendo consciente o inconsciente… Lo sé y con ello, me digo que siempre continuaré en mi Alegría de Vivir, mi Maya-Ilusión que se mira en los espejos de mi alma en su viaje hacia el Cosmos.

Ahora, que ya lo presiento.

No temo de morir; me preparo por segunda vez a redescubrir, en el momento oportuno, la Belleza del Universo. Créemelo: valió la pena, aunque fuese en un coma.

Pero no puedo ser el Chino Morales Wilson si no termino como quien realmente sigo siendo si no parto riendo un poco.

Patricia, mi amada, ya no se ríe con mi broma cuando comienzo a decir: “Pio-pío, pio-pi, pio-pó...”

-- “¡Y por qué diablos sigues con tu cantinela de siempre!”- reclama.

Le respondo igual como nuestro “Condorito”: “¡No quiero morir sin siquiera decir ¡Pio-pio!”-- digo muerto de la risa.

Nota del Director: ECM se refiere a “Experiencias de Casi Muerte” o “Experiencias Cercanas a la Muerte”.

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