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17 de diciembre de 2013
Bachelet en La CaleraLa Presidenta Electa en campaña, durante una de sus visitas a La Calera.
Bachelet vuelve a ChileDespués de una sonriente campaña, las responsabilidades del poder.

Bachelet está absolutamente dispuesta a gobernar un país movilizado y demandante

Por Miguel Tapia González / Periodista

Era fácilmente predecible el triunfo definitivo de Michelle Bachelet. Pero pocos pudieron predecir que en la Segunda Vuelta alcanzaría más del 62 por ciento de los sufragios.

También era fácil pronosticar que la abstención sería mayor que en la Primera Vuelta. Pero que el 59 por ciento del electorado no haya concurrido a las urnas, en ningún caso resta legitimidad a los resultados, porque parece obvio que quienes se abstuvieron “delegaron” su poder en los que fueron a votar.

Lo concreto es que la candidata oficialista Evelyn Matthei no logró más respaldo que el que actualmente exhibe el gobierno derechista de Sebastián Piñera, sin que eso signifique que el Presidente le endosó sus adherentes.

El padre de la derrotada postulante, general en retiro de la Fuerza Aérea Fernando Matthei --quien integró la Junta de Gobierno de la dictadura de Pinochet-- había advertido que su hija estuvo sola en campaña; es decir, que el Gobierno no la acompañó ni hizo nada por sumarle votación.

Sobre las razones para esta indiferencia hay muchas versiones; la principal es que Piñera confiaría en un mal gobierno de Bachelet para postularse nuevamente en 2017, apareciendo como el “salvador” después de un período desastroso.

La abstención

José Miguel Insulza, secretario general de la OEA, previó en la mañana del domingo de la elección que el electorado que en Primera Vuelta votó por los siete candidatos que quedaron fuera, un 28 por ciento del electorado, razonablemente no votaría en esta elección. En rigor, menos del 10% de los que votaron por los siete perdedores del 17 de noviembre no participaron de la Segunda Vuelta. Es decir, electores que sufragaron por Parisi, Claude, Israel, Enríquez-Ominami, Miranda, Sfeir y Jocelyn Holt sí votaron por Bachelet o Matthei, restándose sólo la décima parte.

Pero igual la elevadísima abstención debe motivar cambios en el sistema; no porque le reste validez a los comicios --se trata de un fenómeno que se repite en todos los países con voto voluntario--, sino porque los gobiernos debieran generarse siempre con la mayoría efectiva del electorado.

La abstención registrada en esta Segunda Vuelta debe ser objeto de estudio y de cambio de actitudes, no necesariamente regidas por nuevas leyes sino por el mayor involucramiento de la ciudadanía en la política nacional. Pero esto será materia de crónica aparte.

Los cuchillos largos

El Presidente Piñera siempre tuvo claro que Matthei sufriría una derrota de proporciones. Por eso anunció una larga “noche de cuchillos largos”, concepto con que anticipó una cruenta “caza de brujas” en la derecha para buscar culpables, y feroces “pasadas de cuenta”.

Pero también hay otros sectores del oficialismo que están rebuscando razones de la derrota, sin querer reconocer que lo sucedido es producto de un Gobierno de Piñera brutalmente desastroso en su manejo político.

Jovino Novoa, emblemático “coronel” de la UDI, uno de los políticos más conservadores de Chile, declaró en la misma tarde del desastre para la derecha, que la alta abstención se debió a que ese 59 por ciento que no fue a las urnas, es gente contenta con la actual situación del país y no quiere cambios.

Otro personaje de la derecha chilena, uno de los dueños de Ultramar, Sven Von Appen (de familia vinculada al nazismo) fue más allá y sacó a relucir su nostalgia por la dictadura señalando que la gente teme que Bachelet tenga un mal manejo económico, situación frente a la cual se necesitará “un nuevo Pinochet”.

El también ultrapinochetista abogado Hermógenes Pérez de Arce no se quedó atrás y esa tarde opinó que la derrotada candidata Matthei “ha sido objeto de lo que le ha pasado al 99 por ciento de los chilenos: le han lavado el cerebro todos estos años”, de lo cual responsabilizó a la Concertación, que –aseguró- “es dueña de todos los medios de comunicación; por eso surgen estos arrepentidos” que no van a sufragar.

En fin: la noche de los cuchillos largos está comenzando y nadie sabe en qué terminará. Hoy (noche del balotaje) sólo se puede anticipar que la derecha chilena inicia un período de profundas fracturas, de acusaciones, divisiones y recriminaciones: un desastre total, del que sinceramente Chile espera pueda salir unida y fortalecida… Aunque tarde años.

Gobernar un país movilizado

Este segundo gobierno no le será fácil a Michelle Bachelet. En su primera gestión, la movilización de los “pingüinos” se llegó a convertir en su peor pesadilla (después del Transantiago). Pero ahora serán muchas las manifestaciones tipo “pingüinas” las que sobrevendrán, porque parte importante de nuestra sociedad aprendió lo que los gobiernos se han empeñado en enseñarle: que guagua que no llora no mama; o sea, hay que actuar, movilizarse, paralizar actividades, realizar marchas y tomas o cualquier otra demostración de descontento para que la autoridad se allane a buscar soluciones. Está probado que cartas, audiencias, entrevistas o publicaciones en los medios no sirven para solicitar atención a sus problemas.

Hay quienes advierten que el Partido Comunista podría servir ahora como dique de contención a las movilizaciones, cuestión que líderes como Camila Vallejo y Karla Cariola se han encargado de desvirtuar, advirtiendo al nuevo Gobierno que las organizaciones sociales permanecerán en estado de alerta.

Más explícitos fueron los que “hackearon” el mismo domingo de la elección, el sitio web del Ministerio de Educación, con la leyenda:“Sra. Presidenta nosotros nos encargaremos de hacerle difícil la cosa. El próximo año será una etapa de movilizaciones, ya basta. ¡Necesitamos un cambio ahora!”

La advertencia es demasiado clara como para no considerarla.

Pero hay más. Están surgiendo movimientos organizados canalizando demandas muy sentidas por la población.

Digno de considerar es el 10 por ciento del electorado que marcó “ac” en el voto, exigiendo Asamblea Constituyente para generar una nueva Carta Fundamental para el país.

Los movimientos por la renacionalización del cobre, la estatización de las aguas, la defensa de los recursos naturales, por el rechazo a las generadoras a carbón, petróleo o agua; en defensa del pueblo mapuche y otras causas de infinita enumeración, están creciendo y adquiriendo estructura organizacional.

También se organizan quienes rechazan las isapres, las AFP, el lucro en la Educación, la Enseñanza municipalizada… Y un interminable etcétera. Todo lo anterior, sin contar las organizaciones y movimientos territoriales, que exigen soluciones precisas para zonas de características especiales o más deterioradas del territorio.

Asesores muy seleccionados

Todo esto lo tienen claros la Presidenta Electa y sus asesores o futuros colaboradores directos. Todos están dispuestos a enfrentar los nuevos y exigentes desafíos, y hacerlo bien, porque en la vereda del frente…

…En la vereda del frente –o sea en la derecha política y económica- sobran quienes auguran un fracaso total del nuevo gobierno bacheletista y seguramente están dispuestos a colaborar intensamente para que así sea.

Bachelet ha reiterado que es capaz y está dispuesta a gobernar un país movilizado.

Pero está muy consciente que para tener éxito en esta empresa requiere los mejores colaboradores, poder enfrentar estos desafíos con un equipo sólido, eficiente y sobre todo, con visión y efectiva “muñeca” política.

Hay nombres de sobra para asumir como ministros, subsecretarios, directores de servicios, secretarios regionales ministeriales, directores de empresas estatales, intendencias, gobernaciones y los demás cientos de cargos de confianza del Gobierno. Abundan los postulantes… Pero se sabe que no muchos pasarán la “prueba de la blancura” a la que los someterá la Mandataria electa.

Sabemos que la Presidenta es partidaria de compartimentar la información. Esto significa que no hablará con todos sobre todos los preparativos. Sólo se dirigirá a la persona precisa, a quien ofrecerá determinado cargo y nada más. No es partidaria del asambleísmo ni de andar consultando o dando cuentas a medio mundo. Es prudente y reservada. Y exige similares características a sus colaboradores y asesores.

Por lo mismo, sólo el día del Juramento sabremos exactamente cómo conformará su Gabinete y sus equipos de asesores.

Pero desde ya, se habla de algunos personajes que cumplen los perfiles de capacidad, manejo político y conocimientos técnicos que podrían asumir cargos de mayor confianza.

Tal es el caso de los socialistas Álvaro Elizalde –que lució sus capacidades como vocero de campaña-, Ricardo Solari, considerado un buen Ministro del Trabajo en la administración anterior de Bachelet-, Alberto Arenas, ex director de Presupuestos y Camilo Escalona, ex senador y muy cercano a la Mandataria.

Entre los democratacristianos, se menciona a Carlos Mackenney, Claudio Orrego y Soledad Alvear. Del PPD, hay que partir por el leal ingeniero comercial Rodrigo Peñailillo, pieza fundamental en el diseño del Programa Presidencial, y del Partido Radical, están disponibles su presidente, el ex ministro de Justicia José Antonio Gómez y su vitalicio secretario, Ernesto Velasco, de quien guardaremos nuestra impresión personal.

La duda es si el Partido Comunista se insertará en el equipo, cómo y con quiénes, pues sus personeros han dicho que mantendrán una independencia crítica frente al Gobierno, y que permanecerán “vigilantes” observando el cumplimiento de los compromisos políticos.

La pregunta es: ¿Qué harán los líderes comunistas cuando Michelle les ofrezca algún o algunos de los más apetecidos cargos en el aparato público?

Hasta aquí una visión de lo que ha sucedido y lo que está por venir. Todo --por cierto-- supeditado a los inesperados vaivenes de la política chilena.

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