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27 de noviembre de 2013
Chino Morales

"Los prisioneros de Senda"

Gabriel Morales Wilson

Si, lo sé: la famosa novela de aventuras escrita por Anthony Hope, publicada en 1884, se llama “El prisionero de Zenda” es con “Z” y no con “S”. Con una “s”, no tiene mayor importancia, cuando se trata que, en este caso, también los personajes están prisioneros en una cárcel sin otro muro que la locura creativa, quijotesca, de un puñado de chilenos que residen tanto en Chile o en Suecia, combatiendo por romper las cadenas que impiden a novatos escritores abrirse paso en un lobby de editoriales cuyo objetivo es y será, fundamentalmente, el beneficio económico o la dominación cultural de la burguesía sobre el pueblo.

No tiene importancia si el autor es mediocre o macanudo, lo que sí es muy importante que pertenezca a un medio “intelectual” (entre tales bueyes no hay cornadas) y mientras se glorifican unos a los otros, impiden a los auténticos talentos ser publicados, porque la mediocridad dominante actual, está destinada únicamente a una casta cuya obra literaria está cara incluso para las librerías de estaciones de buses o trenes tanto fuera o al interior de Chile.

De ahí que los mejores han publicado en el exterior durante el exilio o porque simplemente en toda dictadura, el pensamiento de un intelectual, es peor que un revolucionario armado con bombas mortíferas. La lista es larga y siempre seria incompleta si comienzo a citar uno tras otro quienes continuaron por mantener la auténtica cultura chilena, individual o colectivamente.

Ello no quita ni pone que, a pesar de todo, excelentes novelistas, poetas y cuentistas han logrado ser publicados en su país, que son las excepciones que justifican la regla.

Generalmente, lograron su triunfo literario en el extranjero y, mucho más tarde, temerosos de hacer el ridículo al no editarlos, se sintieron obligados de hacerlo. ¿No le dieron primero el Premio Nobel a Gabriela Mistral y posteriormente después largos seis años el Premio Nacional?

Los Quijotes

Como periodista o pintor, trabajé gracias a un salario o la venta de una obrita, lo que me permitió ganarme la vida, entre otros oficios que he tenido que hacer obligado a fin de mantener mi familia. No obstante, me es imposible cobrar un céntimo a los pocos locos quijotescos que aún existen, afortunadamente, en este mundo tan extraño como incomprensible.

De tal manera, me puse a disposición del Chelo Tapia, uno de los primeros periodistas chilenos que entendió que las nuevas tecnologías (léase Internet) cambiarían radicalmente este oficio, liberando a los reporteros para ejercerlo sin presión que no sea otra que la información sin pelos en la lengua para sus lectores, asumiendo individualmente su responsabilidad con la firma al comienzo o al fin de la crónica respectiva, dispuestos asumir represiones a través de una cesantía tan feroz como prolongada, como ejercieron contra Miguel Tapia G.

Quienes comprendimos su combate que honró el Periodismo, lo apoyamos desde diferentes puntos del globo terráqueo, sea con nuestras propias crónicas o saludos hacia quien dignificaba una profesión a mal traer por la dictadura castrense.

Libros para el pueblo y por el pueblo

Innumerables lectores no logran salir de su dependencia de la propaganda diaria que, el colmo de los colmos, pagan de su bolsillo para que los engañen, les mientan y lo manipulen. Consideran que lo que dice la prensa televisiva es cierto, porque la televisión lo ha señalado y punto. Sin analizar que “en la televisión no se puede decir la verdad, porque hay millones que la miran”, como decía el que cómico francés “Coluche”.

En el exilio, un grupo de chilenos en Suecia, crearon el “Centro de Estudios Michimalonco”, fundado en 1980. En ese instante decidieron participar en el debate acerca de los sucesos que estaban acaeciendo en nuestra patria. Doce publicaciones de ensayos que trataban “Acerca del concepto de la democracia”, de Manuel Acuña, en 1985; “Picton, Lenox, Nueva, tres islas en conflicto”, de Fernando Martínez Wilson, 1985. Doce publicaciones tales como el problema de la deuda externa chilena, acerca del Poder Popular, la educación nacional, la “Ecocibernética”, el problema de Antártica y otros títulos que, demostraron la prodigalidad en su trabajo.

El Centro de Estudios Michimalonco, fue el génesis de la “Editorial Senda”, destinada a continuar la creación en el exilio, ampliando los objetivos literarios de sus fundadores: Manuel Acuña, Fernando Martínez, Lorenzo Gonzales, Víctor Musa, Mario Carrasco y, más tarde, Máximo Varela , Patricio Zamorano, Francisco Rojas, Carlos y Guido Hernández, sin olvidar la nueva presidenta, Jacqueline Navarrete.

Los prisioneros de “SENDA”, gracias a un convenio con la Sociedad Escritores de Suecia, les ha permitido publicar otros 35 títulos, sean en la sección “Narrativa”, “Historia”, “Fragua” (poesía) y la “Serie Ideas”, entre los cuales se encuentran escritores suecos, chilenos y otros extranjeros, abriendo un importante paso en la cultura del país escandinavo, reconocidos como actores y activistas tanto de las ideas como de la creación literaria.

Estos quijotes han ido más lejos de lo que ellos mismos se habían propuesto: mantener las inquietudes intelectuales de los compatriotas en el exilio, sin otro beneficio que “hacer cultura”, dejando de lado el aspecto financiero. De tal modo, recientemente han publicado un ensayo póstumo del porteño Lionel “Kalki” Glauser, financiado totalmente por “SENDA” así como a otros escritores sin medios económicos o relaciones en las editoriales chilenas, a fin de transformar a “SENDA” a una editorial única en su género, tanto en Chile como en el extranjero.

Cuando Fernando Martínez me contactó con el objetivo de editar mis “Crónicas desde el País de Ys”, pese a que ya estaba en negociaciones con una casa editorial española, no lo pensé dos veces, luego de explicarme los objetivos de “SENDA”. No solamente acepté, sino que además participé en el fondo necesario para publicar a quienes no poseen los medios para ver sus obras impresas.

Jamás quise publicar durante el periodo de Pinochet, para no hacerme acusar de aprovechar la dramática situación de nuestra Patria, para publicitarme vergonzosamente. No faltaron los patudos y canallitas que utilizaron el nombre de mi país para “abrirse paso” en la vida. Incluso mis pinturas o grabados las firmé como un tal "Mo-Wi". Lo importante era mostrar la belleza que me acompañó y no su valor mercantil. Tanto es así, que me interesó un comino donde partía mi obra, lo que me era importante –eso sí- consistía en conocer a quien podía apreciar mi visión artística. Nada más.

Tampoco es el caso de los “prisioneros” de “SENDA”; ansiaron y mantienen su combate únicamente por el amor de su patria y de la cultura. Entonces merecen no solo un decidido como un real apoyo de las autoridades culturales chilenas para transformar esta Editorial (con mayúscula), en un puente entre los escritores chilenos en el exilio y escritores de otros países que respetan a quienes han comprendido que la Cultura es para el pueblo y por el pueblo.

(Contacto en Estocolmo: Fernando Martínez W. fernandopmw@hotmail.com)

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