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11 de noviembre de 2013
Chino Morales

Más feroz que un combo en el hocico

Por Gabriel Morales Wilson

Si, los hay y bastan cuatro palabras para describirlo: “Cáncer en los pulmones”.

Mi Huasita tuvo que afirmarme para que no me cayera de la silla, totalmente K.O.

Casado a un médico, sé que lo que representa un cáncer en los pulmones; sea de “pequeñas células” o bien, tumores de este porte, medianos o de la dimensión de un poroto capaz de enviarte al cementerio con o sin olor luego de la digestión respectiva.

Era mi caso. Dos: uno en cada respectivo soplador y uno inoperable.

El 2002 fue un año de miéchica, para qué negarlo. Según el oncólogo, los otros tres o cuatro años que me quedarían, tampoco serian mejores. Especialmente, cuando decidí no pasar por el “billar” y morir sin pasar lo que algunos de mis mejores amigos tuvieron que soportar, dependiendo de un alma generosa que los lavara, cambiara sus pañales y alimentarlo por la nariz.

¡No! ¡El Chino Morales, muere con las botas puestas y punto! Nada de operaciones, quimio, radioterapia, morfina y lo que te inyecten a fin de mantenerte a medio morir saltando. En ningún caso obligado a llevar pañales. ¡El Chino, muere con dignidad!

Desde entonces vivo (¿?) a sabiendas que en cualquier instante las metástasis repartidas en todo el cuerpo –sin olvidar los huesos y la cabeza, por cierto-, me envíen directamente a la Nada o bien, con suerte, pasar por el famoso túnel y así reencontrar los seres que tanto amé.

Durante seis meses luego de tal “golpe” (esta vez sin electricidad en las bolas), reflexioné y medité al punto que adopté la medida que mejor me convenía: gozar al máximo los míos, convenciéndoles que lo que siempre había escrito era cierto, como “la Vida es una enfermedad mortal”, de tal modo que debíamos continuar a compartir nuestras existencias sin pensar únicamente en mi próxima muerte. Vivir como de costumbre, con nuestras penas y alegrías.

De ahí que decidí viajar a Chile el 2004 después de treinta años de exilio obligado y luego voluntario, para despedirme del resto de la familia; los amigos y visitar la tumba familiar para llorar lo que no pude hacer cuando partieron y nosotros nos encontrábamos lejos, aquí, en Europa y sin el derecho a entrar en nuestro propio país.

Misión cumplida. Estaba listo para aceptar mi viaje hacia el Cosmos Familiar.

Actitud egoísta.

Huasita, Compañera con mayúscula

¿Cómo dejar sin pelea alguna a la mujer que estuvo contigo en las buenas y en las malas, condenada siendo inocente de mis decisiones políticas, incomparable madre, corajuda como nunca he visto, Compañera con mayúscula, que en mis innumerables flaquezas me obligó a asumir en hombre responsable y no en un llorón de porquería, como otros que tanto conocimos en este exilio, que sus vidas consistieron en relatar –a quienes quisieran escucharlos- sus terribles torturas?

Incluso aprovechando el drama de nuestro pueblo, para estirar la mano pedigüeña; escribir plagiando buenos poetas para pasar como escritores, intelectuales. (Conocí uno que hoy tiene gran prestigio en Chile, que escribía con los libros abiertos de Oscar Hahn, Enrique Lihn, Jorge Teillier, Waldo Rojas, Gonzalo Millán, Manuel Silva Acevedo y otros de nuestra generación, cambiando un versito por aquí, otro por allá, convencido que en Europa no podrían desenmascararlo…).

Cuando vives con una mujer más derecha que una “I”, no puedes ser de otra manera. En caso contrario, patada en el culo y anda a ver si está lloviendo en la esquina.

Jamás utilicé el nombre de mi Patria en vano. Ni siquiera cuando la pobreza era más que terrible.

Mi Huasita, con su ejemplo, demostró que no hay mejor que la mujer chilena, en las difíciles condiciones del exilio o en otros duros momentos en la vida sea en Chile o en la Quebrada del Ají.

En 2008 acepté su ruego, permitiendo que me sacaran uno de los tumores en el lóbulo derecho. Quimio, radioterapia en un sólo mes. Hay que tener –quienes lo han soportado-, cojones para llegar hasta el fin del tratamiento.

-De acuerdo, pero primera y última vez-, afirmé como un hombre que se ha liberado de la dominación conyugal. (¡Mentira: es ella quien hace lo que quiere conmigo! ¡Ustedes saben que soy una víctima!)

La doctorcita de los milagros

En el pueblo se corrió la voz: “El esposo de la doctora ‘La Huasa’, pese a que debiera estar muerto hace al menos diez años, todavía está vivo y parece en mejor salud que el idiota de mi marido que ni ‘chicha ni limoná’ cuando apenas tiene treinta y cinco y sano. En cambio, él… Cómo quisiera tenerlo al menos un par de horitas para cuidarlo…”

¡Ah, las mujeres! Siempre fueron mi perdición. Me era imposible decir “no”, conociendo mi debilidad al respecto. ¡Es que son tan lindas! Todas, toditas, incluso la “Manca Chupanmipi” (NdR: léase en “La Voz del Silencio” en “zonaimpacto.cl”).

El asunto es que su consulta comenzó a recibir pacientes que esperaban incluso de pie para que los recibiera. Sin lugar a dudas, en la sala de espera se comentaba la extraordinaria sobrevivencia de su marido: “Algunos dicen que lleva veinte años con el cáncer. ¿Se imaginan?”

Mi pobre Huasita, que ya tenía pacientes más arriba de la cabeza antes de que se corriera “el Milagro Morales”, no sabía cómo liberarse de tantos candidatos a la solución de su respectivo cáncer.

Las malas lenguas decían que cuando ella afirmaba no poseer tal tratamiento, declaraban rencorosamente: “Se demuestra que los médicos saben cómo salvar su familia, pero que les tienen prohibido hacerlo con otros enfermos, porque el Estado prefiere que no lleguemos jamás a cobrar nuestra respectiva jubilación”.

Es lo mismo que dicen respecto a los laboratorios farmacéuticos, que tienen el medicamento para el cáncer y perderían billones si logran parar el cáncer y otras enfermedades mortales.

¡Absurdo!

Aunque…

Si estiman que es así, ¿por qué el creador de “APPLE” con todos sus miles millones de dólares no pudo salvarse? Él tenía los recursos para pagarse todos los medicamentos milagrosos. Igualmente falleció con su cáncer al páncreas, el más feroz de todos.

¿El doctor que sufre de cáncer, se dejará morir para guardar ese secreto tan agarrado de las mechas?

Ella encontró la parada afirmando que era “generalista” y no oncólogo, por lo tanto les rogaba dirigirse al especialista respectivo.

Indiscutiblemente, la gran mayoría partió defraudada. Unos pocos regresaron, quizás porque La Huasa realmente es una excelente profesional o simplemente, en la esperanza que les diera “la firme” oportunamente.

No hay remedio milagroso

No podría decirles cuántos amigos me escribieron o llamaron por teléfono, informándome que hay tal o cual remedio natural que sana totalmente el cáncer. Como de todas maneras, los vendedores de esperanzas se ingenian de una manera u otra para ofrecer tal tratamiento, con qué médico, en qué país, que existe tal medicamento pero que cuesta una fortuna. Sin olvidar ese “gran científico” italiano, que sus colegas envidiosos le han prohibido ejercer porque salva miles y miles de enfermos con su bicarbonato; otro con la cura de los limones, el otro con el aparato electro-fusionar-espacio-temporal, el de más allá con la del cura franciscano (¡Dios lo guarde en su santo paraíso!); el veneno del escorpión azul de Cuba (200 dólares por unas gotas con gusto a estafa revolucionaria), la lágrima de la Virgen (dos mil años y todavía brota en una virgencita de yeso en el fondo de Italia), el lavado del colon con yerbas del Tíbet; la rama de encina -del grueso de un pulgar-, quemadita en la punta y apagada con agüita bendita que, cada noche, hay que metérsela en el culo hasta que grites diciendo: “¡Basta por favor, ya estoy sano, ya estoy sano! ¡Sáquenme el palo del culo!”…Etc., etc.

Desgraciadamente, no hay remedio milagroso.

Charlatanes si, por docenas. Con blusas blancas o con plumas en la cabeza y huesos de pollo colgando en el cuello.

El cáncer, depende cuales órganos están afectados y descubierto oportunamente, puede ser combatido con gran éxito. Durante estos últimos años, los auténticos científicos han encontrado moléculas o tratamientos eficaces en la próstata, útero, en algunos tipos de cáncer en el seno, intestinos y otros.

Actualmente, hay expertos que califican el cáncer como una enfermedad “crónica”, debido a los avances de la medicina. Por lo tanto, siendo un canceroso que ha estudiado y reunido una enorme cantidad de documentos al respecto, afirmo que se debe tener confianza en el médico que se ha escogido. A condición de no ejercer únicamente por el dinero. Un ser humano, sí, con humanidad.

Pero ¿por qué este Chino de porquería dura tanto tiempo?

Lean la segunda parte de este reportaje en el próximo “zonaimpacto.cl”.

O bien, envíen un giro a mi nombre en la cuenta bancaria indicada más abajo para conocer mi secreto.




¡Es para demostrarles que cualquier canalla puede aprovecharse de la desesperanza de los enfermos para llenarse los bolsillos! No siendo egoísta, les informaré de qué manera me he tratado, a sabiendas que cada ser humano es diferente y cada ser humano, además, responde diferentemente a “X” tratamiento. Lo primordial que necesitamos conocer es lo que funciona con uno, pero que puede ser un fracaso total en otro.

Director responsable: Miguel Tapia González [director(a)zonaimpacto.cl] · Webmaster : Javier Tapia Donoso