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11 de noviembre de 2013
Memorial 27F

El memorial de la prepotencia

Por: Rodrigo Guendelman / El Dínamo

Presidente Piñera inaugura memorial 27F.

Así como el mall y la torre-falo de Paulmann destruyeron la escala de un buen pedazo de Providencia, así como el Mall de Castro se rió en la cara de una zona que es Patrimonio de la Humanidad, así fue como la máxima autoridad de nuestro país le hizo un homenaje a su propio ego con una obra prepotente en tamaño, que en nada se preocupa del entorno en que está ubicada y que significó agredir y faltarle al respeto a un artista fundamental de nuestra historia

Esta es la historia de una sincronía. Ayer fue un martes inolvidable para los amantes del arte, el patrimonio y la cultura en Chile. Después de estar cuarenta años olvidada, arrinconada, escondida y abandonada, se empezó a devolver a la comunidad la escultura que hizo Federico Assler en 1972 en el edificio UNCTAD III, luego rebautizado como Diego Portales y hoy conocido como Centro Cultural Gabriela Mistral (GAM). Esa, que fue la primera obra escultórica pensada para que la gente se sentara en ella, se salvó de la destrucción de los nuevos ocupantes castrenses del edificio sólo por su gran tamaño. Pero como la dictadura no simpatizaba con la cultura (salvo que fuera la música de Los Quincheros), la relegaron a un estacionamiento de autos del Ministerio de Defensa. Por décadas. Ni siquiera la construcción de la primera etapa del GAM pudo hacer justicia. Hasta ahora. Ayer, en un emotivo homenaje al artista de 84 años, el más importante de los escultores vivos de este país, se dio inicio a los trabajos de reposición de esta extraordinaria escultura de hormigón. Los que allí estuvimos la pudimos ver, la emoción fue profunda y nos consta que pronto estará completamente integrada a la calle Villavicencio, como fue originalmente pensada: para ser un punto de transición entre la escala del edificio y la de la calle.

Vamos a la sincronía. Esta misma semana, Federico Assler recibió una insólita noticia. Su escultura “Ferrum y flora” (1999), que se ubica en la Explanada Cultural de la ribera norte del río Bío Bío, en Concepción, fue removida desde sus cimientos, sin permiso, sin aviso, incluso habiendo autoridades que le habían asegurado al artista que su obra no corría riesgo alguno de ser trasladada. ¿Para qué? Para dar paso a un coloso de dos mil millones de pesos que se llama “Memorial del 27F” y que fue recién inaugurado por el presidente Piñera. Un acto de una prepotencia insospechada. Un hecho que evidencia el poco pudor que a veces tienen los que sólo respiran exitismo. Así como el mall y la torre-falo de Paulmann destruyeron la escala de un buen pedazo de Providencia, así como el Mall de Castro se rió en la cara de una zona que es Patrimonio de la Humanidad, así fue como la máxima autoridad de nuestro país le hizo un homenaje a su propio ego con una obra prepotente en tamaño, que en nada se preocupa del entorno en que está ubicada y que significó agredir y faltarle al respeto a un artista fundamental de nuestra historia, el cual recién empezaba a disfrutar la idea de recuperar la obra que, cuatro décadas atrás, había sido humillada por los militares en pleno centro de Santiago.

Por si fuera poco, los creadores del enorme memorial de Concepción -los arquitectos Agustín Soza y Ricardo Atanacio, así como el artista Fernando Feuereisen- están preocupados de que la construcción no se termine de acuerdo al diseño original. “La gente, en vez de tomarlo como algo positivo, va a ser negativo, va a quedar en abandono, no lo van a visitar. La percepción pública lo puede tomar como algo que no ejerce ningún valor”, explican en El Mostrador. O sea, el gobierno manda a hacer ocho torres de hormigón de 23 metros de altura cada una para conmemorar una tragedia, gastan una fortuna, pisotean la obra de Federico Assler sin siquiera advertirle o preguntarle, rompen la escala de la Explanada Cultural de Concepción, inauguran antes de que la obra esté lista y, para remate, no respetan el diseño de la propuesta ganadora. ¿Es esta una manera de honrar la muerte de tantas personas? ¿Con ese nivel de prepotencia? ¿Sin el más mínimo respeto? ¿Con esa forma fálica de barrer lo que se ponga por delante para lograr un objetivo? No señor. Así no se hacen las cosas. Y así, menos aún, se logra quedar en el recuerdo de los chilenos.

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