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11 de noviembre de 2013
Evelyn MattheiEvelyn Matthei: se equivocó la derecha... (Foto The Clinic)
Carlos LarraínEl presidente RN, Carlos Larraín, predice un desastre electoral de proporciones

En la Alianza oficialista reconocen que Matthei no es buena candidata

A escasos días de la elección, cunde el pesimismo en la derecha chilena

Miguel Tapia G., Periodista

Me sorprendí en días pasados en Viña del Mar al ver la propaganda de un candidato a diputado en foto junto a la postulante presidencial Evelyn Matthei.

Se trataba del primer letrero colgado de un poste que yo veía (y observo harto) en que un aspirante al Parlamento aparecía cobijado en la figura de la representante de la derecha en la contienda presidencial del próximo 17 de noviembre. Hasta entonces, había verificado que los candidatos a la Cámara y el Senado preferían fotografiarse solos a estar “mal acompañados”.

Es que el desánimo se ha apoderado de manera creciente de la gobernante derecha política chilena, que adivina una debacle de proporciones en la cercana justa electoral.

Nada nuevo

Se trata de un fenómeno que se viene fraguando desde que la oficialista Alianza por Chile decidió utilizar la imagen del ex ministro Laurence Golborne como candidato presidencial.

Con frivolidad, el oficialismo se basó en las encuestas para decidir que Golborne era el hombre. Como ministro de Minería, había liderado el rescate de los 33 mineros sepultados en la Mina San José. Se trataba de un tipo simpaticón, tiernucho, físicamente atractivo, atlético y capaz de sonreír. Una joyita aspirando preferentemente al voto femenino.

Con tan descontrolado entusiasmo, no revisaron su currículo y por tanto no consideraron que tenía tejado de vidrio por la multitudinaria estafa que encabezó contra los clientes de Cencosud, cuando era gerente general, ni que eludía tributos en Chile al mantener su fortuna depositada en un paraíso fiscal.

Primer gran error.

Después subieron a Pablo Longueira, gran líder y confiable político que convirtió a la UDI en el primer partido político chileno, además de haber demostrado una enorme visión de Estado al ejercer la política. Dicen que no fue la aplastante depresión que le afectó lo que lo hizo renunciar después de ganar cómodamente las Primarias derechistas ante el histórico líder RN Andrés Allamand. Hay versiones que sostienen que fue amenazado por gente de su propio sector. Y otros, que adivinó el desastre que sufriría la derecha en estas elecciones. Por tanto, sorpresivamente renunció a su postulación y –como un mago desde su sombrero- la UDI impuso a la hasta entonces ministra del Trabajo, Evelyn Matthei.

El factor Piñera

Que la Matthei es mala candidata, nadie lo discute. Pero que además ha enfrentado un escenario tremendamente adverso, resulta un axioma.

Cualquier aspirante a la continuidad del gobierno de su mismo signo, esperaría el más grande (y descarado) apoyo gubernamental. Pero Evelyn no lo obtuvo.

Todos los analistas políticos coinciden en que el Presidente Piñera no se las ha jugado por la presente elección presidencial y parlamentaria. Ante todo, porque –fiel a su exacerbado personalismo- está sembrando para cosechar una reelección en cuatro años más y para eso requiere alejarse de la derecha conservadora y pinochetista. Pero, además, porque al parecer sinceramente es lejano a ese sector tradicional chileno.

De hecho, apoyó que sus más cercanos en RN –como el ministro Hinzpeter, la senadora Lily Pérez y el diputado Cristián Monckeberg- se situaran abiertamente en la disidencia del timonel de su partido, el muy conservador senador designado Carlos Larraín.

Su gran amigo y dirigente del partido, Daniel Platovsky renunció a Renovación Nacional y muchos prevemos que como Piñera renunció a la colectividad al asumir la Primera Magistratura, no se reinscribirá una vez que deje el Mando de la Nación y, en cambio, encabezará un nuevo referente de derecha “liberal” junto a los renunciados y alejados de la cabeza de Renovación.

Candidata impuesta

A este ya oscuro panorama se suma la forma en que se generó la candidatura de Matthei. Fue una apresurada decisión de la UDI, que la proclamó con tantos bombos y platillos, que a RN no le quedó otra cosa que ratificarla, aunque visiblemente de mala gana.

Para la mayoría de los militantes de RN, lo obvio era que el candidato que reemplace a Longueira fuera Allamand, que –mal que mal- recolectó casi 400 mil votos en la Primaria aliancista (unos 22 mil sufragios menos que Longueira). Pero la UDI no dejó lugar e impuso a Matthei.

La fórmula tuvo el resultado lógico: en RN no se sienten representados por la hija del ex miembro de la Junta Militar que gobernó con Pinochet.

La peor de todas

Y la realidad salió muy pronto a la luz. Piñera la criticó por haber votado “Sí” en el Plebiscito de 1988, apoyando la opción de que el dictador Pinochet siguiera gobernando otros ocho años el país.

Ella se defendió de la peor manera, aduciendo que en 1973 tenía apenas veinte años… Pero no reconoció que en 1983, cuando se violaban flagrantemente los Derechos Humanos, tenía treinta, y que en 1988 –cuando fue el Plebiscito- ya tenía 35.

Peor: En campaña, le enrostraron su intervención para interceptar llamados telefónicos de Piñera, lo que constituye un evidente delito. Nuevamente se justificó respondiendo que era “demasiado joven”: 39 años (era 1992).

Después, frente a las cámaras y ante todo el país, las ha embestido contra el candidato independiente Franco Parisi, también de derecha, y contra la gran favorita de la contienda, Michelle Bachelet. Seguramente nadie le advirtió que nuestro electorado rechaza la agresividad de los políticos…

El dramático pesimismo

Al dramático panorama ya descrito se suman las porfiadas encuestas que dejan a Matthei fuera de carrera el mismo 17 de noviembre; es decir, sin provocar segunda vuelta porque Bachelet superaría el 50% de los votos.

A tal grado llega la convicción de un desastre de proporciones, que muchos “cerebros” de la derecha –en sordina- han dicho que perder en perder en Primera Vuelta. ¿La razón? Sencilla: el 17 de noviembre, Bachelet podría ganar por algo más que el 50 por ciento, debido a que al menos seis de los demás candidatos le restan votos… Pero midiéndose sola en diciembre con Matthei, podría proporcionarle una feroz paliza a la candidata oficialista, que llegando apenas a un 30 por ciento, consagraría la peor votación del sector en muchas décadas.

Terror en las parlamentarias

Está claro que la derecha no tiene posibilidad alguna de triunfar en las presidenciales. El pésimo manejo político de Piñera es la razón principal, sumada a las crecientes demandas ciudadanas sin resolver. Las encuestas, sin excepción, señalan que el pueblo le dará las espaldas a la agresiva candidata Matthei.

Pero el efecto salpica con fuerza a las parlamentarias. El presidente del partido del Mandatario, Carlos Larraín, viene advirtiendo desde hace meses que la Nueva Mayoría podría doblar a la Alianza en diez o doce distritos de diputados y en varias circunscripciones senatoriales. El horror de Larraín es que con una contundente mayoría en el Parlamento, la centroizquierda podría cambiar la Constitución y derribare el modelo económico y social implantado por la dictadura de Pinochet.

Según los temores oficialistas, es tal el rechazo ciudadano a la derecha gobernante, que ni el sistema electoral binominal los salvaría de manejar el Poder Legislativo aún siendo minoría, gracias al sistema de quórum heredado del régimen dictatorial.

Esta realidad ha provocado verdadero pánico en los conservadores de la Alianza por Chile, genuinamente representados por el ultraconservador Carlos Larraín, quien ha declarado que “desde la elección municipal y la primaria vengo anunciando que puede haber de 10 a 12 doblajes, por parte de la Concertación corregida y empeorada, con lo que se reunirían las mayorías necesarias para echar abajo todas las nociones elementales de la Constitución. Lo que significa, sin duda, una catástrofe institucional ad portas, que le va a caer como bomba al riquerío y, entonces, me voy a reír un poquito, porque se sienten muy protegidos donde están”.

Es consecuente Larraín: se preocupa por el “roquerío”. El resto de la ciudadanía no le incumbe.

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