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27 de septiembre de 2010
Miguel Tapia G., Periodista

Soy un perfecto idiota

Miguel Tapia G., Periodista

Los ciudadanos del montón estamos impedidos de comprender algunos hechos que protagonizan nuestros iluminados locales, nacionales y mundiales.

Cada día, a cada rato, nos quedamos con preguntas sin respuesta que nos sorprenden y nos incomodan porque dan cuenta de nuestra pequeñez.

Me confieso incapaz de seguir y entender la lógica que emplean los sabios conductores de la sociedad a la que pertenezco.

Por ejemplo, cómo voy a comprender que algunos de mis líderes hayan ido al sur a solidarizar con los ayunantes mapuche, que pretendieran quedarse al interior de una cárcel -cuestión absolutamente prohibida para cualquiera que no haya sido enviado allá por los tribunales- y que después simularan una huelga de hambre de la que se descolgaron apenas hallaron un pretexto (ni siquiera bueno).

Ante todo el mundo

Cómo entender, también, que el Presidente Piñera, que representa a todos los chilenos, se haya farreado la posibilidad de pedir ante todo el mundo "con humildad y respeto" terminar con la huelga de hambre mapuche, como estaba previsto en el discurso original.

No lo leyó. ¿Soberbia, tal vez?

También perdió la oportunidad de anticipar que se abriría la temática de la anunciada Mesa de Diálogo del Cerro Ñielol a las exigencias de los ayunantes, lo que finalmente se tuvo que hacer en Concepción, no en Temuco. ¿Orgullo personal porque finalmente le doblaron la mano? Los simples mortales no lo entendemos.

Igualmente queda lejos del alcance de nuestro entendimiento que nuestro Presidente ande paseando por el mundo, en un bolsillo de su vestón, el escrito de los mineros sepultados anunciando que "Estamos bien. En el Refugio. Los 33", documento histórico que debiera ser conservado para el futuro, con todos los resguardos para evitar su previsible deterioro. ¿Nadie se lo habrá sugerido...?

Realmente, me abruma tener tan poco entendimiento de los objetivos superiores de nuestro gobernante.

Derechos Humanos al suelo

Definitivamente escapa a mi pequeña razón que una Sala de la Corte Suprema haya rebajado las penas a los secuestradores y asesinos de nuestro sacerdote Antonio Llidó, el religioso valenciano que conocimos y quisimos en Quillota y que en septiembre de 1974 -hace 36 años- fue detenido en Santiago, llevado a un centro clandestino de prisioneros, torturados hasta el extremo hasta matarlo y luego hecho desaparecer.

No cabe en mi conciencia que hayan suavizado las condenas a criminales de demostrada participación y responsabilidad que jamás colaboraron con la investigación, reconocieron su evidente delito y ni siquiera han demostrado arrepentimiento alguno.

Se me viene al suelo la idea que tuve de que los jueces de las nuevas generaciones en la Suprema tenían alguna sensibilidad efectiva en relación a las infames violaciones contra los Derechos Humanos en dictadura.

Mujeres ultrajadas

La ampliación del plazo para denunciar prisión y tortura en tiempos de Pinochet (Ley Valech) ha permitido desentrañar millares de casos -no declarados antes- de ultraje sexual contra mujeres, descorriendo el velo de una realidad hasta ahora mantenida en dramática reserva.

Estoy absolutamente impedido de asumir por qué los antecedentes en este ámbito que se han conocido en las últimas semanas no han tenido repercusión alguna en los medios nacionales de prensa, que guardan un cómplice silencio.

Conocí esta trágica realidad entre 1990 y 1991 cuando trabajé en San Antonio, donde en los meses inmediatamente siguientes al golpe militar de 1973 el 30 por ciento de la población llegó a estar encarcelada. Las huestes militares dirigidas por el entonces teniente coronel Manuel Contreras -por la época Comandante del Regimiento de Tejas Verdes, quien se hizo amo y señor del territorio- salieron en camiones frigoríficos de las pesqueras estatales a detener y ensardinar en contenedores metálicos a todo quien oliera a izquierda, sean mujeres u hombres viejos, adultos, jóvenes o adolescentes. Y también niños. Al menos un 20 por ciento de quienes fueron detenidos y llevados a Tejas Verdes eran mujeres.

Gracias al vínculo de amistad que establecí con algunas de ellas, tuve la ocasión de entrevistar a cerca de 200 mujeres que fueron hechas prisioneras. El cien por ciento de ellas me confesó que había sido ultrajada sexualmente, todas de manera extremadamente cruel, por los militares torturadores o a cargo del campo de concentración y la cárcel local.

Esta comprobación me conmovió sobremanera. Sufrí muchísimo escuchando testimonios, que esbocé en sucesivas crónicas en el diario local Proa Regional.

Un hombre de derecha, el abogado Ricardo Martin -hoy fallecido-, quien formó parte de la Comisión Rettig, estuvo en San Antonio y recibió muchos de los testimonios que yo también conocí. Vi llorar al abogado Martin recordando parte de lo que había escuchado...

Hoy, sabemos que esa dolorosa y brutal realidad se extendió por todo Chile y no puedo, a pesar de mis esfuerzos, entender el silencio de los medios.

Flagrante intento de aprovechamiento

No me alcanza la capacidad mental para asimilar el flagrante intento de aprovechamiento de un par de parlamentarios que pretenden aprovechar los posibles beneficios carcelarios o penales que podrían obtener los mapuche en huelga de hambre, para favorecer de algún modo a los militares que violaron con absoluta crueldad los derechos humanos durante la dictadura.

Los diputados Cristi y Cardemil pretenden hacer una equivalencia entre unos y otros, sin considerar que los militares homicidas actuaron totalmente sobre seguros, amparados por el poderoso aparato estatal de la época, con recursos de todos los chilenos -armas, vehículos, sueldos, toque de queda- , asesinando a personas detenidas, maniatadas, arrodilladas, absolutamente indefensas. Y que nunca se han arrepentido ni colaboraron con la justicia ni tuvieron juicios arbitrarios como algunas de sus víctimas.

Es que soy muy tonto...

Todavía más imbécil

Donde llego al colmo de la imbecilidad es al no coincidir con la diputada Cristi en aplaudir la presentación de militares en retiro ante la Comisión de Derechos Humanos de la Cámara Baja. Fueron a defender a sus compañeros de armas que están procesados o condenados por crímenes de lesa humanidad, presos o en libertad, debido a un proyecto que pretende degradarlos de su escalafón militar.

La solidaria parlamentaria UDI comprendió la inquietud de los militares homicidas y los defendió con fuerza, diciendo que muchos preferirían morir antes que ser degradados.

Pero nadie duda que lo que persiguen los uniformados en retiro es obtener la libertad de todos los violadores de derechos humanos, aduciendo la prescripción de penas o la aplicación de la ley de Amnistía de 1978, que ellos traducen como la "correcta aplicación de la Ley".

Reitero el reconocimiento a mi incapacidad mental, aunque debo considerar que los propios militares en retiro han dicho que sólo le cobran la palabra al Presidente Piñera, con quien se reunieron más de una vez en campaña. Entonces, Piñera se habría comprometido a impulsar la "correcta aplicación de la Ley" reclamada por los procesados y condenados por los crímenes que lesionaron a toda la humanidad.

Pero igual es un asunto que estoy incapacitado de entender.

Una joven "laceada" y arrastrada

Me declaro absolutamente incompetente de compartir la brutalidad y el descaro de un "huaso" que laceó y arrastró por el suelo a una adolescente por llevar un letrero protestando por la crueldad contra los animales en un rodeo santiaguino.

Alcanzo a entender que el rodeo chileno solamente lo practican los patrones del campo, a veces generosamente "en collera" con alguno de sus peones, si es talentoso con el caballo y sabe aprisionar con violencia a los novillos en el ruedo, para divertir al público generalmente también de la clase patronal.

Hasta ahí llego.

Pero que uno de esos apatronados cultores del deporte "criollo" haya arrastrado por el suelo a una muchacha, jalándola con un lazo, para divertir a "su público" que efectivamente reía a mandíbula batiente con la "gracia"... definitivamente tanto matonaje no cabe en mi entendimiento.

¡¡Uuuffffff!!

Me abruma pensar en tantas cosas que no logro concebir, como los exagerados privilegios que se otorgan mis parlamentarios para hacer un trabajo tan descansado como de la peor calidad; la inmoralidad de algunos que incluso algún día apoyé o admiré, la insaciable voracidad de tantos empresarios que se niegan a aportar pequeños tributos a favor de los más pobres mientras se enriquecen hasta el éxtasis, o el descaro de algunos empleadores que tratan mal a sus trabajadores negándose a compartir ganancias y hasta exponen la vida de su personal para no desembolsar ni un cobre en medidas seguridad...

¡¡Uuuuffffff!! Me cansé. Queda mucho, mucho más, que prefiero seguir guardando debido a mi incapacidad de comprender.

Me declaro limitado mental. Y perdónenme por atreverme a pensar en estas cosas... y escribirlas.

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