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27 de septiembre de 2010
Sarah LiaqatSarah Liaqat, una de las jóvenes desfiguradas con ácido y estafadas por Smile Again, en Lahore.

Fraude bajo apariencia filantrópica en Pakistán

Elvira B. Pérez / Lahore
De: El Periódico, España

Cuando Arfan Husein Liaqat vio una foto de su hija en los carteles publicitarios de la compañía telefónica Warid no podía creérselo. Masarrat Misbah, empresaria de los salones de belleza Depilex y fundadora de la oenegé Smile Again, vendió sin el permiso de la familia la imagen de Sarah, víctima de un ataque con ácido, para una campaña solidaria para ayudar a mujeres quemadas en el 2008. Misbah le dijo a Liaqat que las donaciones serían para pagarle a su hija una operación de cirugía reconstructiva de cara en Estados Unidos.

La víctima, ex empleada de Depilex, nunca recibió el dinero para su tratamiento y, además, tuvo que pagar de su bolsillo dos operaciones anteriores, supuestamente gratuitas, que le practicó un equipo de cirujanos plásticos italianos que colabora con la fundación Smile Again.

Sarah solo tenía 16 años cuando, el 13 de julio de 2005, su agresor y prometido le arrojó una botella de ácido en la cara. "Mi padre se opuso a entregarme a él siendo yo tan joven. Entonces, aprovechando que estaba sola, entró en casa y, después de pedirme un vaso de agua, me agarró del brazo y vertió sobre mí la botella de ácido entera", recuerda amargamente Sarah.

Liaqat denunció al agresor de su hija y, como se le había derramado algo de ácido sobre su propia mano, el juez lo declaró culpable. El atacante recibió una condena de cinco años.

Le cobraron "una fortuna"

Las leyes paquistanís no consideran delito grave este tipo de violencia y, en muchos casos, la familia llega a un acuerdo con el atacante y obliga a las víctimas a casarse con su agresor. Decenas de miles de mujeres desfiguradas y traumatizadas de por vida no reciben protección legal del Gobierno.

Sarah estuvo ingresada más de seis meses en la UCI del Hospital Jinnah, en Lahore. Su rostro quedó desfigurado, perdió la visión de un ojo y del otro solo recuperó el 30%. "Un día, alguien me habló de la fundación Smile Again, que ayudaba a chicas como yo. Mi padre fue a visitar a Misbah y ella le dijo que podrían operarme pero que el tratamiento costaba dinero", explica.

Su familia pagó 35.000 rupias (unos 350 euros), una fortuna para un paquistaní de clase media, por las dos intervenciones quirúrgicas. Deberían haber sido gratuitas, pues la filial italiana se hacía cargo de los gastos sanitarios.

Después del tratamiento, Sarah fue empleada en el salón de belleza de Depilex, junto con otras siete mujeres quemadas por ácido que, como ella, habían recibido un curso de formación impartido por la contraparte italiana, y cuya financiación, 40.000 euros, provenía de donantes italianos.

Hospital volatilizado

Continuaron los engaños: ni ella ni sus siete compañeras han recibido salario alguno desde que empezaron a trabajar en el salón de belleza en el 2007. "Misbah siempre me decía: 'Ahora no puede ser; ya sabes, con la construcción del hospital (en Multán) tenemos muchos gastos", evoca Sarah.

En 2006, la fundación Smile Again recibió cerca de 2,5 millones de euros para crear un hospital especializado en el tratamiento de las víctimas quemadas por ácido y un centro de formación profesional para ellas. Un terrateniente de Multán, Nauaz Sangi, donó 8.000 metros cuadrados de terreno para construir el hospital. Lo único que hay edificado es el muro de delimitación de la parcela. "¿A dónde han ido a parar todos esos millones?", se pregunta Manzar Latif Mian, ex socio de la fundación que ha iniciado un proceso legal contra Misbah por malversación de fondos.

Su batalla perdida comenzó a finales del 2009. Recopiló un dosier con más de 1.100 irregularidades financieras y lo envió a Clarice Felli, presidente de Smile Again Italia, y la contraparte italiana exigió una auditoría por desvío de recursos. "Por desgracia, el caso de fraude ha sido archivado por falta de pruebas. Los abogados de Misbah aseguran que a su cliente le han robado el registro de las cuentas de 2008 y 2009", se lamenta Mian, quien afirma que el propio ministro de Economía de Pakistán envió el 11 de febrero una carta al embajador de Italia en Islamabad "pidiéndole a su Gobierno que no se involucrara".

Así funciona la justicia en Pakistán.

La bien relacionada empresaria ha abierto un nuevo salón de belleza en Lahore y se sigue beneficiando de las desgracias de estas mujeres. «Las acusaciones contra mí no tienen ninguna base; son fraudulentas y frívolas. Han sido creadas por cierto sector de gente interesada que actúa de mala fe», responde, ofendida, Misbah al ser preguntada por la denuncia.

Negocio «familiar»

"Mi negocio es familiar, todo lo que tengo es por y para ayudar a las víctimas de ácido", insiste la esteticista, para luego explicar: "Un día, de camino al trabajo, una mujer tapada de los pies a la cabeza me abordó en la calle. La pobre estaba desesperada y la atendí en la oficina. Cuando se descubrió el rostro, vi que su cara estaba desfigurada. Entonces decidí que debía ayudar a estas pobres mujeres". Un discurso aprendido que Misbah repite a esta periodista minutos después de haber sido entrevistada por una televisión local.

Todo minuciosamente preparado para su show: el saloncito de belleza y las dos figurantes, la clienta y la esteticista. Bushra, de 33 años, fue atacada por el hermano de su prometido para no tener que pagar las 50.000 rupias (500 euros) de la dote. Bushra es la única de todas las víctimas de quemaduras que continúa trabajando para Misbah. La empresaria recibió el año pasado el más alto reconocimiento que otorga el Presidente de Pakistán por su labor filantrópica.

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