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27 de septiembre de 2010
Manifestación pro-mapucheAyunantes mapuche concitan cada día más adhesiones.
Presidente Piñera en la ONUEl Presidente Piñera mencionó ante el mundo el tema mapuche sólo como "una paradoja" (Foto: La Tercera)

Conflicto del Estado con los mapuche es apenas “una paradoja” para Piñera

Por ZonaImpacto.cl

Ante todo, no podemos coincidir con que se hable del "conflicto mapuche" al referirse a la situación y demandas de este pueblo originario. No existe contienda de una sola parte. Un conflicto es entre al menos dos actores y en este caso, es entre el pueblo mapuche y el Estado chileno.

Los orígenes

La realidad existente entre las mencionadas dos partes es extremadamente compleja porque su origen parte de la extrema irracionalidad y crueldad con que el Estado ha venido manejando el asunto desde hace siglos. Los mapuche son dueños ancestrales de las tierras de nuestra Araucanía. En el siglo XVII, durante el Parlamento de Kullin, la Corona de España reconoció la independencia de la Nación Mapuche constituyéndose en la primera y única nación independiente reconocida por el Reinado a través de un tratado confirmado en 1643 por el Rey Felipe IV.

Durante siglos, este pueblo originario de elevado desarrollo espiritual, intelectual y guerrero, defendió la soberanía alcanzada, que obviamente incluyó la propiedad de sus tierras. Con valentía inigualable, defendió sus posesiones primero ante los invasores españoles y luego ante los voraces "huincas" que bregaron incesantemente por arrebatarles el territorio.

Pero a fines del siglo XIX, fue el propio Estado chileno -gobernado por las clases económicamente más pudientes y ambiciosas- el que puso en práctica el Plan de "Pacificación" de la Araucanía, que consistió nada menos que en arrebatarles las tierras. Agentes estatales arrebataron sus propiedades mediante exterminio, matanzas y engaños, relegando a nuestros precursores a pequeños e ignominiosos reductos destinándolos a la pobreza más espantosa, humillándolos y sometiéndolos a una infame discriminación que se prolongó por largas décadas.

Lo más enredoso

Durante la primera mitad del siglo XX, las tierras fueron pasando de mano en mano, legalizándose el ultrajante robo. Los mapuche fueron marginados de la sociedad, pero nunca se resignaron a perder lo que la naturaleza les asignó y comenzaron a organizarse exigiendo sus derechos.

El Estado, administrado por los gobiernos de cada época, fueron "chuteando la pelota", evadiendo el problema que ya en los años '70 devino en conflicto.

La dictadura no los tomó en cuenta y sencillamente asesinó o amenazó a todo quien exigiera algo de justicia.

La Concertación equivocó su estrategia, creyendo que el problema era sólo de tierras. Así, diseñó y aplicó una política de devolución de predios que fue comprando hasta completar una inversión -entre 1994 y 2009- 162 mil millones de pesos realizada por la CONADI. Pero el precio promedio por hectárea pagado subió de $428.335 hasta $3.539.592, con un incremento de 826 por ciento, provocado por la descarada sinvergüenzura de los propietarios, que habían comprado grandes extensiones a precio de huevo.

Incluso hay sólidos antecedentes que el "terrorismo" mapuche fue incitado por los propios terratenientes, que avizoraron un tremendo negocio: denunciaban que se sentían obligados a vender sus campos por el acoso de los originarios. Entonces la CONADI les compraba los predios a precios que fueron creciendo descaradamente, pero que los gobiernos se sentían obligados a pagar para apaciguar las exigencias de los propietarios ancestrales.

Las complejidades de hoy

El conflicto propiamente tal se fue agudizando porque los mapuche fueron tomando cada vez mayor conciencia de sus derechos y los gobiernos respondieron con la política de la zanahoria y el garrote: concedían, entregándoles porciones de tierra y reprimían militarizando la zona y atacando cada reclamación con extrema violencia y crueldad, con resultado de al menos dos muertos por las balas policiales.

Los reclamantes fueron radicalizando posiciones y comenzaron a incendiar casas, bodegas, vehículos y predios. La autoridad -principalmente los dos últimos gobiernos de la Concertación- comenzaron a aplicar la Ley Antiterrorista de Pinochet.

Así se dio el absurdo de que cuando los mineros en huelga quemaban buses en El Teniente, se les denunciaba exigiendo penas de hasta cinco años de prisión, por el mismo delito a los mapuche se pedía hasta 80 años. Por amenaza, a un comunero se le aplica la reclusión equivalente a si se hubiera cometido el delito, lo que no sucede ante una amenaza "no terrorista": unos cuantos meses remitidos; es decir, sin prisión.

Y llegamos al momento de inflexión: los originarios exigen la devolución de sus posesiones ancestrales, que ahora están legalmente (no legítimamente) en manos privadas, las que sólo las venderían a precios exorbitantes que el Fisco ya no puede pagar.

Se exige la instauración de un territorio autónomo mapuche, una suerte de Estado propio, una Nación autónoma, en circunstancias que la zona reconocida en el siglo XVII por el Reino español ahora está habitada mayoritariamente por "huincas" chilenos, porque el pueblo mapuche se ha desplazado a las grandes ciudades.

Huelga de hambre

La indolencia de los gobiernos, ahora agudizada por la inflexible dureza de un gobierno de derecha, llevó a la medida extrema de una huelga de hambre de 33 mapuches prisioneros que al cierre de esta nota ya se prolongaba por 75 días.

Los ayunantes presentaban evidente y grave deterioro de su salud. Varios presentaban riesgo vital, lo que significa que más de uno podría morir en cualquier momento.

Su exigencia mayor era la conformación de una mesa de diálogo para acercar posiciones sobre sus principales demandas. Ellos no pretenden evadir el juzgamiento por los delitos perpetrados, pero requerían procesos como ciudadanos comunes, sin aplicación de la ley terrorista.

El gobierno de Piñera no quiere diálogo: afirma que siempre ha estado dispuesto a "escuchar". Claro: para la autoridad, el "diálogo" se limita a escuchar, no conversar para buscar acuerdos.

Finalmente nombró al Obispo de Concepción, monseñor Ricardo Ezzati, como "facilitador" del diálogo. Pero no genera las condiciones para que se produzca un encuentro real entre mapuches y Gobierno, en el que se busquen acuerdos, dejando al religioso sin piso para negociar.

Durante los festejos del Bicentenario, el Presidente Piñera anunció pomposamente que creará una Mesa de Diálogo que comenzaría a funcionar el viernes 24 en el Cerro Ñielol de Temuco, pero sólo para tratar su Plan de Araucanía, consistente en inversiones y mejoras sociales y de infraestructura en la zona, pero no para abordar las exigencias de los ayunantes o soluciones de fondo para el conflicto. Es decir, no se buscará salida a la huelga de hambre y el riesgo de desenlaces fatales persiste.

También para desviar la atención de los temas de fondo, el Gobierno mandó dos iniciativas al Congreso. La primera, orientada a modificar la Justicia Militar, que permitirá sacar a los prisioneros mapuche del procesamiento castrense, que fue aprobada. La segunda, maquillando la Ley Antiterrorista, supuestamente para sacar a los procesados por ese estatus legal de dicha categoría. Pero su tramitación no ha prosperado, porque no se ha logrado mayoría para sacar el incendio de la calificación de delito "terrorista".

Así, la iniciativa se ha convertido en un zapato chino sin registrar avances efectivos.

Y los 35 mapuche siguen arriesgando sus vidas. Si muriera alguno, el respaldo de Piñera caería estrepitosamente y su Gobierno tendrá que enfrentar el descrédito internacional más enérgico que se recuerde.

Apenas una "paradoja"

En un punto de tan compleja inflexión, los chilenos esperábamos un gran anuncio del Presidente Piñera durante su discurso ante las Naciones Unidas el jueves 23 de septiembre, exhibiendo algún grado de generosidad de su Gobierno, junto con su personal determinación de hacer todo cuanto esté a su alcance para impedir la muerte de alguno de los ayunantes.

Pero no. Apenas se limitó a mencionar como una "paradoja" la situación que enfrenta Chile "al tener a 33 mineros atrapados en la mina San José luchando por su vida, frente a 35 comuneros mapuches que ponen en riesgo la suya con una huelga de hambre", como difundió la Agencia EFE. Es decir, para el Jefe de Estado, los mapuche ayunan durante 75 días sólo en un afán suicida. No hay conflictos no reclamaciones de trascendencia. Y un tremendo drama del pueblo originario del que nos decimos orgullosos, es apenas una paradoja.

Su única generosidad ante el foro mundial, consistió en reconocer que "los pueblos originarios fueron postergados por varios años en nuestro país, aunque señaló que el gobierno trabaja para revertir la situación", según la misma Agencia informativa internacional.

"Nosotros nos sentimos muy orgullosos de ser una nación multicultural, pero reconocemos que por siglos no hemos dado a nuestros pueblos originarios las verdaderas oportunidades que ellos merecen y necesitan. Es por ello que estamos promoviendo en nuestro país el reconocimiento constitucional de todos nuestros pueblos originarios, dejando atrás la estrategia de la discriminación para seguir la estrategia de la integración", recalca EFE.

También tuvo palabras para la creación de su pretendida mesa de diálogo para tratar su "Plan Araucanía".

La referencia del Mandatario al tremendo drama de 33 mapuche al borde de la muerte demuestra, ni más ni menos, que para su Gobierno el asunto no es tan terrible y que seguirá la sórdida actitud que ha mantenido hasta ahora.

Suponemos que está dispuesto a asumir su responsabilidad.

Aclaramos nuestra visión

Durante largos años, en ZonaImpacto.cl evitamos referirnos a este tema en profundidad debido a sus complejidades.

Por una parte, compartimos plenamente las exigencias de nuestros aborígenes, a quienes les arrebataron no sólo sus posesiones y quisieron aplastar su cultura, humillándolos y discriminándolos cruelmente, sino también quisieron aniquilar su dignidad.

Hubo pueblos enteros que fueron exterminados por la voracidad de unos pocos, como los tehuelches, los pehuenches y los alacalufes, entre otros.

Pero por otra parte, reconocemos que es imposible devolverles todo su territorio, que por siglos fue pasando de mano en mano mediante fraudes que -mal que mal- quedaron legalizados.

Con la instalación de miles y miles de chilenos y ciudadanos de otras partes del mundo en la zona concebida hace siglos como "nación mapuche", y la emigración de gran parte de ese pueblo originario a las grandes urbes, resulta también -a nuestro entender- prácticamente imposible convertir ahora territorios como las regiones IX y X como un Estado distinto al chileno, porque los mapuche serían minoría absoluta.

No tenemos propuesta de solución a al menos estos dos temas.

Pero somos fervientes partidarios de generar todas las instancias posibles para debatir todos los temas e ir alcanzando acuerdos, sin que el Estado ni los representantes mapuche pretendan aprovecharse de circunstancia alguna.

Hoy debemos entender que la búsqueda de soluciones apremia dramáticamente. Y que esperamos generosidad y la mayor flexibilidad posible en los tres poderes del Estado: el Ejecutivo, dialogando y concediendo hasta el límite de lo posible; el Legislativo, aprobando iniciativas legales que faciliten las soluciones. Y el Judicial, buscando la mayor imparcialidad y dejando de considerar -como se ha hecho hasta ahora- los intereses de unos cuantos poderosos.

Las exigencias de los mapuche

Las siguientes son las exigencias inmediatas de los ayunantes -que el Gobierno se niega a atender- para poner fin a su huelga de hambre:

  1. Derogación de la ley antiterrorista, libertad y juicio justo de todos los presos políticos mapuche que permanecen en cárceles de Chile.
  2. Devolución del Territorio mapuche ocupado por empresas y particulares con el patrocinio del Estado.
  3. Fin a las plantaciones de eucaliptos y pinos radiata en el territorio mapuche.
  4. Fuera los barcos pesquero trasnacional que invaden la costa marítima del Territorio mapuche y encarecen nuestra subsistencia.
  5. Fin a la militarización en comunidades, lagos y costa marina de pertinencias mapuche.
  6. Exigimos respeto a los derechos ancestrales que reivindican en su Territorio nuestros hermanos Rapa- Nui. Llamamos al gobierno de turno a dar pronta solución en su demanda y de todos los pueblos que habitan este país.  

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