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27 de septiembre de 2010
Hugo Latorre FuenzalidaEconomista y cientista social Hugo Latorre.

Cómo (no) salir de la pobreza

Por Hugo Latorre Fuenzalida, Economista y cientista social
De: KrohneArchiv.cl

Chile es un país que se ha caracterizado por aumentar la brecha entre pobres y ricos desde siempre. El único año que exhibe un proceso en que los pobres crecen más económicamente que los ricos (salarios versus capital) fue el año 1971, pero ya al año siguiente (1972) se retoma la tendencia histórica hacia la desigualdad, alcanzando en las últimas décadas una magnitud nunca vista.

¿Se puede alcanzar el desarrollo en un esquema de inequidad creciente?

Se puede, según autorizan algunos economistas como Hirschman, pero sólo en fases iniciales de la acumulación capitalista; cuando las sociedades se hacen más desarrolladas (en este caso, más industrializadas), entonces los procesos de inequidad deben morigerar hasta llegar a niveles aceptables de integración global de los segmentos más atrasados.

En el caso de nuestro país, Chile, que aspira alcanzar el desarrollo en las próximas generaciones, se viene dando un proceso hasta ahora poco discutido, como casi todos los fenómenos nacionales importantes, que de hecho se discuten muy poco y cuando algo se intercambia, se hace sesgadamente y de manera cerrada por los sectores que manejan las riendas del poder; no asoma la versión crítica o disidente, pues simplemente porque Chile se ha transformado en una sociedad monástica, afín a un solo credo y refractaria a la crítica de fondo.

El fenómeno de Chile es que aspira a desarrollarse en período corto de tiempo pero sustentado en pilares muy febles y contradictorios:

  1. En primer lugar, desea desarrollarse sustentado en la explotación de sus materias primas. Los países bajos de Europa se desarrollaron también desde la explotación de sus recursos naturales; sin embargo la diferencia con Chile es que alcanzaron el desarrollo a partir de esos elementos de la naturaleza. Es cierto, pero superaron el atraso sólo cuando se industrializaron a partir de esos recursos básicos (es decir, cuando lograron dar valor agregado mediante la industria vinculada a la explotación agrícola, silvícola o del mar).
    Es decir, cuando fueron capaces de crear sus propias industrias de bienes de capital (maquinaria agrícola como arados, tractores, cosechadoras; maquinaria de tala y procesamiento de maderas, de construcción sobre maderas y de procesamiento de alimentos, barcos, etc.).
  2. Chile tiene la aspiración de desarrollarse sobre una base de mano de obra con calificación insuficiente.
    Chile muestra un rezago de más de 20 años en su educación, en todos los niveles. Solamente el 27% al 30% de la población joven accede a una educación profesional. El gasto actual en educación es la mitad de lo mínimo que se debería desembolsar, por parte del Estado, para atender una educación suficiente y eficiente.
    Los costes de la educación se elevan a precios de país desarrollado, en la educación privada, lo que impone una gravosa carga a las familias que pretenden educar a sus hijos, o simplemente los jóvenes deben declinar estudiar para alcanzar una buena formación y calificación, según las exigencias del mundo laboral cada vez más complejo.
  3. La ciencia y tecnología, base efectiva de las competitividades económicas y sociales, ha venido sufriendo la mirada indolente de las autoridades en todos los frentes.
    El 0,6 del PIB gastado en CyD (Ciencia y Desarrollo), nos condena a transitar hacia las últimas series de competencia-país.
    Las empresas tampoco muestran espíritu para superar la postración en esta área del desarrollo, quedando casi toda la escasa actividad en manos de las universidades estatales y de algunas mega empresas del Estado (Codelco y Enap).
    Las universidades privadas, las empresas privadas y las PYMES, no han mostrado, hasta ahora, una vocación de avanzar en esta dimensión. Incluso las tareas de capacitación y actualización, financiadas desde el sector público, no son acogidas por las empresas privadas y las más de las veces esos recursos quedan ociosos, no usados, o se destinan a financiar tareas de investigación de marketing, o publicidad, pero nada de ciencia, nada de investigación, nada de desarrollo.
    Un trabajador, en nuestros países no logra cursar más de 9 horas promedio de capacitación a lo largo de su vida laboral. Nuestros empresarios, sólo un tercio de ellos supera las pruebas internacionales de uso tecnológico moderno y la mitad tiene calificación baja en comprensión de lo que lee.
    Por otra parte, nuestros jóvenes no muestran rendimientos muy superiores a este lamentable promedio.
  4. La fragmentación institucional, lleva a que se autonomicen hasta la indiferencia las diversas instancias y actores que deberían actuar de manera coordinada e integrada para las tareas compartidas del desarrollo. Estado y privados, deben poner en sintonía estrategias de largo plazo a fin de aprovechar las capacidades instaladas en cada área.
    Las universidades y las empresas deberían ensayar alianzas virtuosas en cada región para innovar y crear experiencias provechosas.
    El sector financiero y las universidades e institutos, deberían instalar estrategias de financiamiento de proyectos de prometedora significación, con aval del Estado.
  5. El mercado interno debe alcanzar niveles de complejidad y competencia que lleve a difundir los estímulos del acelerador y multiplicador keynesiano. Para ello es preciso una industrialización diversificada y moderna. De no lograr un tejido de redes densas inter-empresas, entonces los estímulos de la inversión y el crecimiento se irán a alimentar las economías extranjeras, vía las importaciones y la salida de capitales. Por lo demás, los salarios en un país menos industrializado son menos elevados y la mano de obra de calificación menos exigente, lo que crea un círculo vicioso del estancamiento en el atraso, así como de desventaja competitiva interna y externa.
  6. Chile viene siendo deficiente y deficitario en cada una de estas materias.

Nuestro país goza de un aparente progreso en ciertos guarismos macroeconómicos, pero no resiste el menor análisis en términos estratégicos.

¿Puede enmendar su rumbo?

Obviamente que sí, pero de seguir por esta senda actual, la tendencia al mediano plazo será frustrar cualquier posibilidad de desarrollo, permaneciendo en el atraso que hoy vive la gran mayoría de su población.

Es sabido que en Chile sólo un 15 por ciento ostenta ingresos que se pueden comparar a países ricos; otro 15% exhibe ingresos similares a países emergentes, pero el 70 por ciento permanece con ingresos de país pobre.

Nada sólido se percibe que se haga para producir los cambios hacia una viabilidad históricamente constatable, lo que nos obliga a decir que se están haciendo bien las cosas, pero para "NO" salir de la pobreza.

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