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28 de agosto de 2010
Los asistentes presenciaron en vivo la muerte del ruso.Los asistentes presenciaron en vivo la muerte del ruso.
Vladimir Ladyhensky, quemadoVladimir Ladyhensky, quemado en el último Campeonato Mundial de Sauna por su hambre de fama.

Un ruso murió en el campeonato mundial de sauna

Carmen Villar Mir / Desde Estocolmo

Según el Helsinki Saomat, el Campeonato Mundial de Sauna, que se celebraba en la localidad finlandesa de Heinola, a unos 130 kilómetros al norte de Helsinki, terminó en tragedia y tuvo que ser interrumpido a los seis minutos de haber empezado. Uno de los dos finalistas que participaba en la competición, el ruso Vladimir Ladyhensky, sufrió un desmayo y murió a los pocos segundos. El otro, Timo Kaukonen, finlandés y anterior campeón del mundo, tuvo que ser transportado al Hospital Universitario de Lahti con graves quemaduras.

Los organizadores han comunicado que no volverán a organizar esa competición.

Los asistentes presenciaron en vivo la muerte del ruso

En ese torneo tan típicamente nórdico, gana quien más tiempo resista las altas temperaturas dentro del pequeño recinto de la sauna, o «bastu». El sábado, los dos finalistas aguantaron demasiado tiempo los 110 grados centígrados de la sauna, temperatura en la que se basa la Copa Mundial de ese «deporte», que es muy difícil de superar si se considera que cada 30 segundos se echa medio litro de agua fría al fuego para producir más humedad.

Los organizadores vieron a través de la pequeña ventana del recinto como el ruso, un fornido rubio, empezó a temblar y se desplomó. Aunque abrieron la puerta en el acto y los médicos encargados de dar los primeros auxilios intentaron reanimarle, no se pudo hacer nada. Ossi Arvela, director del evento, comunicó a la televisión finesa YLE que todo se hizo correctamente. Ese mismo día con anterioridad se llevó a cabo la final del Campeonato femenino. Esta era la duodécima edición del evento en el que participaron 135 varones y hembras de diferentes nacionalidades.

Sauna doméstico

Casi todos los nórdicos tienen una sauna en casa o cerca de ella si viven en el campo. La finlandesa se conoce como «la sauna seca» y se trata de permanecer dentro un rato, salir para darse una ducha fría y volver a entrar. Para ser saludable, la temperatura no debe subir los 90 grados y la humedad los 20. El protocolo de esa costumbre o rito que data de la antigüedad a la que se atribuyen propiedades excelentes para la salud y el bienestar, tanto físico como mental, prohíbe molestar, hacer ruido o hablar en voz alta.

A la sauna tanto hombres como mujeres entran como Dios los trajo al mundo aunque los más comedidos llevan una toalla alrededor de la cintura para tapar sus partes más nobles.

Hambre de fama

La muerte del ruso Vladimir Ladyhensky en el último Campeonato Mundial de Sauna celebrado en Finlandia hace unos días y la hospitalización por diversas quemaduras del otro finalista y aspirante a revalidar el título, resulta incomprensible para muchos. Los participantes, que tenían que soportar temperaturas de hasta 110 grados, eran observados por centenares de personas que acudieron a ver la competición y jalearles.

¿Qué puede mover a gente aparentemente normal a participar en este tipo de certámenes, hacer cola para llenar realities, o conseguir sus «quince minutos de fama» en Internet haciendo «balconing»?

El afán de notoriedad o la fama efímera que acompaña a algunas personas se erige como una moda dictatorial cada vez más ansiada por jóvenes y no tan jóvenes.

Pero este éxito pocas veces se basa en grandes hazañas o pruebas extremas donde la realización personal es el punto clave. Al contrario, se puede alcanzar participando en concursos donde el esfuerzo brilla por su ausencia. El único cometido: ser conocidos por la audiencia, hagan lo que hagan, pasando si hace falta por encima de los demás y sin pensar en las consecuencias que puede producir su conducta.

Algo parecido pasa con la nueva moda instalada en la costa española, denominada «balconing», con jóvenes en su mayor parte extranjeros que se arrojan desde balcones de complejos hoteleros y apartamentos a la piscina, normalmente en estado de embriaguez. Esta arriesgada práctica, en busca de tres minutos de fama en algún portal de Internet, ha supuesto ya en España cuatro muertes en lo que va de año.

La audiencia, formada por espectadores de concursos al que acuden personas en busca de una fama rápida y de aquellos que observan, con un toque de morbo, estas arriesgadas «hazañas», se constituye como clara partícipe en este juego que a veces parece estar por encima de la realidad.

Como expone Enrique García Huete, psicólogo y director de Quality Psicólogos, «vivimos en una sociedad de consumo en el que las alternativas laborales para los jóvenes son escasas. Por ello, algunos de ellos, sin formación, pueden buscar opciones en el que el dinero o la fama son relativamente fáciles».

En busca de algo efímero Enrique García afirma: «El poder, el prestigio y la fama muchas veces son sinónimos de dinero fácil» que no sólo facilita la vida a muchos, sino que abre las puertas al mundo de la fama, aunque ésta sea efímera».

El problema es que esta necesidad de notoriedad no es tomada en su justa medida. El escarnio social al que después se enfrentan algunos se suma a las consecuencias que derivan de su paso por el camino de la fama. «A veces hay que atender no sólo a los concursantes, sino también a la familia».

Todo un reto que muchos no se plantean. Un mundo que dista mucho de la realidad, pero que a veces enmascara graves situaciones. Y es que la fama cuesta. Tras el incidente de Helsinki, quizá se empiece a plantear la necesidad real de este tipo de acciones, con valores que den paso a una nueva visión, si no más comprensible para el común de los mortales, sí para salvar el sentido del ridículo.

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