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28 de agosto de 2010

El trabajador exprimido

Autoentrevista prescindible.
Por Chelo

Después de dos intentos fallidos en tu domicilio, te encuentro muy campante tomando un "cortado" en el Café Pausa, en el corazón comercial y social de la ciudad.

Es extraño, porque cuando no te veo en tu "pega", te ubico -seguro- en tu casa, generalmente trabajando. Te considero trabajólico y te lo represento:

¿Cómo que estás aquí cuando si no estás en la pega trabajas en tu casa?

- Me di unos minutos de asueto para compartir con los amigos... De repente nos juntamos aquí a copuchar de política.

Y ¿dónde están esos amigos?

- Se fueron recién, pero yo me quedé otro ratito para cavilar sobre todo lo que conversamos.

¿Qué?

- Casi lo que me acabas de decir: que cómo lo hago para pasarme trabajando.

¿Y?

- Bueno, me dijeron lo que opinan muchos de quienes me conocen: que soy trabajólico.

Y ¿lo eres?

- ¡Claro que no! Solamente soy responsable. Cumplo siempre con todos mis deberes laborales y, lo más importante: siempre en forma oportuna, en los precisos tiempos que comprometo.

¿Cuál es la diferencia?

- Un trabajólico es un trabajador compulsivo. No puede existir sin estar trabajando; es decir, produciendo.

¿Y tú?

- Cuando he cumplido con todos mis compromisos laborales, descanso: toco la guitarra, me tomo un par de tragos, recibo amigas y amigos, voy a "La Piojenta" (restaurante "guachaca" de Quillota) a bailar cueca y cantar o me relajo en mi casa tocando la guitarra y cantando. Además, me meto en la cosa política, participo en mis instituciones o voy al café Embelecos, a compartir con mi amiga Ruby.

Hartas cosas...

- Sí. Y también leo, preparo comidas y me entretengo escribiendo a mis amigos lejanos.

Siempre trabajando

Insisto que siempre se te ve trabajando; parece que lo demás lo haces a escondidas o es mínimo...

- Lo que pasa es que siempre he tenido que trabajar demasiado. He tenido mala suerte con mis empleos.

¿Cómo así?

- Empecé trabajando a los 13 años como mozo en una ferretería, sobreexplotado y mal pagado. Era niño y me ocupaban para ir a retirar los cajones de clavos, pernos o grasa a la Estación ferroviaria y llevarlos al hombro hasta el negocio. Fue entonces cuando pude comprar mi primera guitarra...

Pero después se te arregló el naipe...

- Bueno, por varios años fui mozo en un taller mecánico o estación de servicios, donde después de cursos en Ford Motor Company llegué a ser "gerente de servicio" y de ahí me fui a la Chevrolet. Gané harta plata, pero...

¿Pero..:?

- ¡Se me ocurrió dedicarme al periodismo!

Lindo, pues. Era lo que te gustaba.

- Exacto, pero desde entonces empecé a ganar mucho menos; me casé y adquirí la responsabilidad de financiar un hogar con familia incluida.

¿Muy dramático?

- No debió haber sido tanto, porque desde entonces, cuando tenía 22 ó 23 años, me acostumbré a tener más de un empleo y trabajar no ocho o nueve horas, sino 14 ó 15.

¡Hasta "medio pollo"!

¿Como periodista?

- Eso. Fui reportero y redactor de diario al tiempo que reportero y jefe de prensa de radio. Tuve que empezar a trabajar en más de un lugar porque los salarios eran bajos.

Con dos pegas te hacías un sueldo...

- A veces apenas medio sueldo.

Entonces ¿trabajabas a medias?

- ¡Nunca! Siempre he sido tremendamente responsable. He cumplido con absolutamente todo el trabajo y oportunamente, sin importarme la cantidad de horas de trabajo.

Ahí está el problema, porque cuando uno trabaja mucho y bien, te dan más quehaceres.

- Exacto. Eso me pasó durante muchísimos años. Siempre respondí bien en todo. Pasaba prácticamente día y noche en la pega, en todas y cada una.

Con un costo tremendo, imagino.

- Más de uno, pero el más grande lo sufrieron los hijos, que veían a su padre unos minutos por la noche y a veces en la tarde de los domingos, porque generalmente también trabajaba los sábados.

Seguramente llegabas con trago también...

- Ese es otro tema terrible. Claro, si trabajaba doce o trece horas y me servían apenas un sándwich a modo de almuerzo... Llegaban las 22 ó 23 horas y no faltaba más de alguien esperándome en la calle para invitarme a un trago.

Y tú ibas...

- ¡Muchas veces! Después de trabajar como bestia hacía falta un trago y una buena conversación.

Pero llegabas totalmente demolido a tu casa...

- Lo peor es que excesivamente trabajado y con apenas un sándwich en todo el día, me tomaba el primer trago y quedaba "grogui". Entonces tenía que irme directo a casa, llegaba a medio filo y más encima me retaban.

Organización gremial

¿Siempre fuiste así de sobreexplotado?

- Siempre, porque en general no tenía cómo elegir un empleo en mejores condiciones.

¿Por qué?

- En esa época era el Colegio de Periodistas el que otorgaba -por decirlo de alguna forma- "licencia" para trabajar. Y el Colegio me tuvo marginado desde 1975 porque me acusaron de ser "activista político". Y sin colegiatura, no podía trabajar en grandes medios sino sólo en radios y diarios locales, o en corresponsalías que no fueran cabeceras de regiones.

¿Los dirigentes te marginaron?

- Bueno, eran dirigentes muy sui generis, porque eran designados por la dictadura, que también intervino los colegios profesionales. El dirigente regional se arrogaba el título de "presidente" y además se agregaba: "Delegado de Gobierno ante el Consejo Regional Colegio de Periodistas". ¡Repugnante!

¿Trabajaste "clandestino" hasta 1990?

- Bueno, a veces incluso peor. Tuve que ejercer de "medio pollo" de otros periodistas; es decir, reporteaba y escribía o despachaba crónicas a nombre de otro periodista que en vez de hacer su pega se dedicaba a otras cosas. Y recién en 1997 recuperé mi condición de profesional.

Te integraron al Colegio...

- Claro, y lo tomé demasiado en serio porque al año siguiente me convertí en dirigente regional.

O sea, te metiste de lleno a la actividad gremial de la que te habían marginado.

- Y en buena hora. He podido aportar mucho, por ejemplo, desde el Departamento de Legislación a nivel nacional, donde contribuí a la elaboración de las modificaciones legales para sacar el Estatuto del Periodista, que ya es proyecto de ley y fue aprobado en general en la Cámara de Diputados. Además he ayudado a organizar congresos nacionales de periodistas, lideré una convención para modificar los Estatutos y participo activamente en la Comisión de Medios y Periodistas del Comité de Integración chileno argentino "Cristo Redentor".

Pero ya terminaste tu período...

-¡Terminé cuatro períodos de dos años! Claro que en el último renuncié antes de tiempo porque me vine a Quillota.

Estás tranquilito ahora, entonces.

- Eso pensaba yo. Pero ahora soy candidato a consejero regional en las elecciones de fines de agosto.

¿Estás en campaña?

- ¡Ah! ¡De veras! Por lo mismo, te vas a tener que ir. Se acabó la entrevista, porque voy a mandar correos electrónicos a mis colegas pidiéndoles el voto. Así es que ¡Chao no más...!

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