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28 de agosto de 2010
EleccionesUna gran masa electoral sigue sin concurrir a las urnas porque nuestros políticos le temen a su comportamiento.

A nuestros políticos les provoca pánico ampliar el electorado con jóvenes y chilenos en el exterior

Escasas reacciones provocó entre nuestros políticos el retiro de los artículos relativos al voto de chilenos en el exterior, del proyecto de ley relacionado con la inscripción automática y el voto voluntario.

Es que se trata de proyectos de larga data que los parlamentarios han ido "chuteando" hacia delante para dilatar su aprobación y aplicación. De esta forma estarían impidiendo la incorporación de no menos de tres millones de nuevos ciudadanos al padrón electoral.

¿La razón?

Complicaría a quienes actualmente ostentan cargos de elección popular, porque si quieren seguir en el Parlamento tendrían que replantear sus propuestas hacia un electorado que desconocen. Y todo indica que eso les aterra.

Inscripción automática

En marzo de 2009 y después de una larguísima y tortuosa discusión en ambas cámaras, la Presidenta Bachelet promulgó la Reforma Constitucional que permitiría la inscripción automática en el Registro Electoral de todos los jóvenes al cumplir 18 años de edad y se podría consagrar la voluntariedad de participar en los eventos electorales.

Además, quedaba la puerta abierta de par en par para permitir el sufragio de los chilenos residentes en el exterior en las elecciones presidenciales.

En esa oportunidad, el entusiasmo era desbordante. Políticos de Gobierno, del oficialismo y la oposición manifestaron su decisión de acelerar la tramitación de la nueva Ley Orgánica Constitucional de Elecciones, cuyo proyecto tiene larga data en el Parlamento. La idea expresada ese viernes 27 de marzo en La Moneda por actores políticos de todos lados era agilizar al máximo su discusión para promulgar la nueva Ley a más tardar en septiembre u octubre para que estuviera vigente y operativa para las elecciones presidenciales ya parlamentarias de diciembre.

Pero el entusiasmo sólo fue transitorio, porque de regreso en Valparaíso la discusión se volvió a tornar extremadamente engorrosa, no se ejercieron las urgencias comprometidas y se siguió "chuteando la pelota" para más adelante.

Algunos datos

Según el Instituto Nacional de Estadísticas (INE) durante 2008 la población en edad de votar alcanzó los 11.965.990 de personas, de las cuales sólo 8.110.265 estaban inscritas en los Registros Electorales hasta julio, por lo que si se hubiera aprobado la inscripción automática, inmediatamente se habrían sumado al padrón electoral 3.855.735 de votantes nuevos, en su mayoría jóvenes de ent re 18 y 29 años.

En diciembre de 2009, los inscritos superaron los 8 millones 280 mil ciudadanos, pero sólo sufragaron algo más de 6,9 millones, es decir algo más que la mitad de la población mayor de 18 años. Y de ese total, en la segunda vuelta de enero de este año, el actual Presidente obtuvo el 51,61% de los sufragios; es decir, 3.563.050 votos. Esto es apenas el 29,8% de los ciudadanos que habrían tenido derecho a voto si la inscripción hubiera sido automática. Y algo más del 43 por ciento del electorado efectivamente inscrito, pues la abstención sumada a los votos nulos y blancos llegó al 16,2 por ciento del electorado.

¿Cómo habrían votado en las presidenciales los casi 5 millones de chilenos que no participaron por no estar inscritos, se abstuvieron o estuvieron entre los blancos y nulos?

Cuestión de responsabilidad

Por cierto, nadie sabe cómo se comportaría el electorado hoy inhabilitado para votar. El problema es que todo demuestra que nuestros políticos tampoco quieren saberlo.

En forma paulatina, desde 1988 se estancó el proceso de nuevas inscripciones. Quedaron habilitados para votar personas que entonces mayoritariamente tenían entre 18 y 55 años; es decir, hoy oscilan entre los 40 y los 75 años.

Ese es el electorado que nuestros políticos conocen. Saben que a los más viejos se les puede conquistar ofreciéndoles mejoras en sus pensiones (en el caso de Piñera, eliminar el descuento del 7 por ciento en salud) y que a los mayores de 40 se les atrae con un discurso liberal cercano al progresismo, ofreciendo mejorar las condiciones laborales y las facilidades de acceso a la educación para los hijos.

Pero conquistar a un electorado de 18 a 35 años se les presenta extremadamente difícil porque no lo conocen. Nunca han intentado conocerlo de cerca.

Y como se trata de grupos etarios que no se han manifestado jamás, todos le temen. En la derecha suponen que los jóvenes son mayoritariamente pro izquierda y en la actual oposición sospechan que un amplio porcentaje se incline a la derecha.

Pero los más realistas consideran que por muy automática que sea la inscripción, la voluntariedad del voto reduciría excesivamente el universo efectivamente electoral.

Eso los obligaría a asumir una responsabilidad que hasta ahora han escabullido: "encantar" o "seducir" a una masa ciudadana hasta ahora escéptica y lejana. Entonces tendrían que desplegar las mejores propuestas para competir, superando la realidad actual en que prácticamente no hay proyectos sino sólo mucha propaganda y un par de eslóganes. Es decir, hoy la disponibilidad de dinero determina la cantidad de publicidad del candidato y ésta, la cantidad de votos a conquistar.

Hasta ahora, lo que menos hablan los postulantes a la Presidencia o el Parlamento es de programa. Patético resultó que el año pasado, las dos principales coaliciones definieron sus candidatos y recién meses después -al filo de la elección- dieron a conocer esbozos de programa de Gobierno... Justo para que muy pocos pudieran estudiarlos o al menos informarse.

Fácil es deducir que en este escenario, nuestros parlamentarios sigan postergando -con cualquier pretexto- la aprobación de la nueva Ley Electoral y lleguemos a las próximas elecciones con un padrón más viejo, pero que se traduce en una "clientela" archiconocida por los políticos.

Chilenos en el exterior

Algo parecido sucede con el voto de los chilenos en el exterior.

A las pocas semanas desaparecieron las reacciones y reclamos por el retiro de este ámbito del proyecto de inscripción automática y voto voluntario.

El actual Presidente Piñera se había comprometido en más de una ocasión, en sus dos campañas presidenciales y al comienzo de su Gobierno, con el voto de los chilenos esparcidos por el mundo.

Pero los parlamentarios de su sector comenzaron a imponer condiciones absurdas e inexistentes en todas las demás democracias. Sin que el actual Jefe de Estado se opusiera jamás, su sector primero inventó que para tener derecho a sufragar, los nacionales residentes en otros territorios debían demostrar su permanente interés por su país. Esto debía traducirse en que viajen a Chile al menos cada cinco años. Algo extremadamente absurdo, porque muchos chilenos no disponen de recursos para viajar periódicamente, por ejemplo, desde Canadá, Estados Unidos, Europa o Asia.

Pero no por eso dejan de ser chilenos. Más aún: gracias a la informática, están más cerca de Chile que nunca, viendo TV chilena, escuchando radios chilenas, leyendo la prensa nacional y comunicándose a diario con sus relaciones de acá gracias a la Internet.

Otro artilugio que han inventado para seguir negando el derecho que reconocen todas las democracias del mundo es cómo y quién administrará el padrón de los chilenos radicados afuera. Durante los pasados gobiernos de la Concertación, la derecha decía desconfiar de los consulados, canales naturales de enlace entre los chilenos en el exterior con su país, aduciendo que el cargo de Cónsul es político, ignorando que los funcionarios no lo son.

Es decir, también una negativa obstinada, por lo visto motivada sólo por el pánico de ampliar el derecho a voto a ciudadanos cuyo comportamiento electoral es imposible predecir.

Antecedentes elementales

De acuerdo a los antecedentes oficiales, en el exterior, residen alrededor de 860.000 chilenos, en porcentajes iguales de hombres y mujeres. De esta población, sólo 489.000 (56,9 %) son nacidos en Chile. Los 371.000 (43,1%) restantes, son hijos de padre o madre chilenos, nacidos en territorio extranjero, quienes para "el ejercicio de los derechos que les confiere la ciudadanía (derecho de sufragio) estará sujeto a que hubieren estado avencidados en Chile por más de una año", según el Artículo 13, inciso 3, de la Constitución.

Otro dato interesante: la población chilena residente en Argentina es alrededor de 430.000 personas; es decir, la mitad de las chilenas y chilenos residentes fuera del país. De todos los chilenos en Argentina, sólo 211.000 son nacidos en Chile; los 219.000 restantes son hijos/as nacidos en Argentina y no hay datos que confirmen que hayan hecho trámites de nacionalidad chilena, por lo que no contarían con la cédula de identidad chilena vigente, ni cumplirían con el requisito de vivir un año en Chile para poder ejercer su derecho a sufragar.

Por lo tanto -se concluye en el sitio http://votochilenoexterior.blogspot.com/-, de aplicarse la inscripción electoral automática, comprendería a los 489.000 chilenos residentes en el exterior nacidos en Chile; de los cuales, más de 211.000 residen en Argentina.

Tratándose de una cantidad considerable, muy superior a los votos con que Piñera superó a Frei en la segunda vuelta, los políticos no quieren hacerse mayor problema y siguen postergando sus decisiones. En los últimos meses, el tema ni siquiera se ha tratado en la Comisión de Constitución del senado, donde está radicado.

Seguramente el terror a lo desconocido nos mantendrá por largo tiempo en esta situación de enorme injusticia... pero de mayor comodidad para nuestros políticos.

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