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26 de julio de 2010
Miguel Tapia

Presente griego

Miguel Tapia G., Periodista

Los días desfilan frente a mí en estricto orden de llegada. A veces se precipitan desaforadamente y no me dan tiempo para comprender los sucesos.

Fue tan intenso el debate previo -capaz que ni eso haya sido- sobre el famoso indulto de la Iglesia, que no alcancé a digerir con la calma precisada cuando los jefes católicos entregaron su propuesta al Presidente Piñera.

Lo único que percibí fueron las disonantes voces posteriores que no hicieron sino replicar lo que ya estaba dicho hasta la saciedad.

Y recién estamos empezando. Lo que viene a continuación tampoco será un debate en serio sobre esta inútil iniciativa eclesiástica. No me caben dudas que habrá vociferaciones desde todos los rincones de nuestra jungla política nacional e incluso habrá opiniones que nos lleguen desde afuera.

Pienso que la iniciativa del indulto nació de un embarazo tubario con parto caótico. Fue mal engendrada porque todos sabemos que no habrá acuerdo ni en la sociedad y menos en el Parlamento para aprobar un indulto tan irracional. Si ni siquiera en el seno del Gobierno hay consenso. El Presidente Piñera dio como un hecho que la idea eclesial motivará su propia reflexión, que estimó en unos pocos días, y se convertirá en proyecto de ley. Pero su jefe político, el ministro Hinzpeter, ya se había anticipado a manifestarse contra todo indulto y sugirió que la Iglesia mejor se dedique a temas religiosos; es decir, mandó a los curas a hacer misa y rezar en vez de andar proponiendo este tipo de cosas.

Los padres de tal engendro debieron haber previsto que su proyecto sólo serviría para enturbiar el ambiente nacional ya saturado con tantos problemas como los efectos del terremoto, la mala educación, las deficiencias en salud, el aumento de la pobreza, el desorden que dicen haber encontrado en todos los ministerios y mil cosas más.

¿Reconciliación...?

También pudieron haber adivinado sin grandes esfuerzos que si ellos pretendían descongestionar las cárceles liberando a presos comunes que cumplan determinados requisitos, la atención de la sociedad y el mundo político estaría lejos de tales objetivos. Era patente que todos los ojos estarían puestos en los efectos que la descabellada idea tendría entre los presos que violaron los derechos humanos durante la dictadura asesinando, torturando, haciendo desaparecer y ultrajando a quienes se oponían al régimen de Pinochet.

Si lo que la curia buscaba es una acción que favorezca la reconciliación, como aseguran en su mensaje, el resultado será absolutamente inverso, como se ha visto desde antes de entregar su documento.

Tal vez alguna vez pensaron que con esto ayudarían al Presidente Piñera, quien se supone podría lucirse especulando añadiendo condiciones y seleccionado los grupos de reclusos que podría favorecer.

Pero no. También en este sentido se trata de una propuesta que viene a complicar al Gobierno, desviando su atención de los temas en los que Piñera efectivamente se puede lucir -con un buen plan de reconstrucción, por ejemplo, o un Presupuesto 2011 impecable- para atender los odiosos desafíos que le impone la propuesta católica.

Así, el famoso indulto de la Iglesia parece más un presente griego que un aporte de la jerarquía eclesiástica, que lejos de contribuir al brillo de las celebraciones del Bicentenario las van a ensuciar con inútiles discusiones que no llegarán a ninguna parte.

No tiene destino el proyecto de indulto porque parte importante de la sociedad y de nuestra clase política rechaza todo tipo de beneficios carcelarios generales. Dentro y fuera del Gobierno tiene mucha fuerza la idea de que indultos, amnistías y similares son iniciativas de corte monárquico que no se condicen con el carácter republicano y moderno de nuestro Estado.

Y luego está la dificultad de que si se aplica algún beneficio a los violadores de derechos humanos -como lo insinuó el Presidente al rechazar toda discriminación-, el indulto no tendría aplicación alguna por infringir los convenios internacionales suscritos por Chile en el sentido que los crímenes de lesa humanidad no se pueden amnistiar ni prescribir. Y esos convenios tiene más fuerza que la propia Constitución Política chilena.

El indulto anterior

La realidad carcelaria actual dista mucho de la existente en 2000, cuando se aprobó, dictó y aplicó el Indulto del Jubileo, iniciativas de parlamentarios impulsada por la Iglesia y apoyada por el Gobierno.

En esa época los condenados sumaban 48.756; hoy superan los 90 mil. De ese total, unos 27 mil condenados por delitos menores fueron beneficiados con la rebaja de penas establecida en la Ley 19.736 sobre el indulto general del "Jubileo 2000".

Pero en esa época había 1.574 reos que se encontraban en prisión y otros 25.857 condenados gozaban del sistema abierto como reclusión nocturna, remisión condicional de la pena o libertad vigilada.

Así, sólo 618 personas que cumplían los requisitos y estaban en prisión obtuvieron automáticamente la libertad. El grueso de los beneficiados se encontraba en el sistema abierto, con libertades vigiladas o condicionales. Un escenario que se repetiría hoy, pero con una población penal de casi el doble.

En esa época los condenados sumaban 48.756; hoy superan los 90 mil. De ese total, unos 27 mil condenados por delitos menores fueron beneficiados con la rebaja de penas establecida en la Ley 19.736 sobre el indulto general del "Jubileo 2000".

El caso es que guardando las proporciones, en la actualidad podrían optar a beneficios unos 50 mil condenados, pero de ellos no menos de 15 mil ya gozan de beneficios y de los restantes, los efectivamente favorecidos no superarían los tres mil condenados.

Es decir, si la idea del clero se llegara a traducir en una ley, los beneficiados serían muy pocos; nada si se tratara de descongestionar las cárceles.

Midiendo todos estos aspectos, queda claro que haber puesto esta iniciativa sobre la mesa de discusión pública representa más problemas que beneficios a nuestra sociedad, a la clase política y particularmente al Gobierno del Presidente Piñera.

Es decir, un precioso Caballo de Troya.

Un árbol que oculta el bosque

Pero algún beneficio traerá al piñerismo esta discusión entre sordos y es que mientras se extiendan los gritoneos (opiniones) desde todos los sectores, en el país puede suceder cualquier cosa.

...Como que no se venda Chlevisión o se produzcan nuevos nombramientos o renuncias polémicas. También se pudieran aplicar medidas como reducir la cantidad de jardines infantiles y salas cunas existentes (ya se insinuó que sobran, que las hay muy cercanas unas de otras o que hay algunas con muy pocos niños) e incluso que se licite la construcción concesionada de hospitales.

Por ejemplo, Feriado Bicentenario

Podría suceder también que nuestros parlamentarios sean sorprendidos, aprovechando el caos vociferante sobre el indulto, y aprueben leyes sobre cuyo significado no tienen idea.

Porque ha sucedido que aprobaron iniciativas que nunca leyeron ni captaron su significado real.

Por ejemplo, lo sucedido en 2003 cuando por emisiones en Chilevisión en torno al Caso Spiniak fue enviado a prisión el destacado periodista Alejandro Guillier, que poco después fue presidente del Colegio de Periodistas. Recuerdo que muchos parlamentarios corrieron a Capuchinos para solidarizar con él y denunciar la injusticia de la restrictiva legislación de prensa.

...La mayoría de los "solidarios" parlamentarios no tenían idea que apenas un par de días antes, habían aprobado un proyecto del hoy desaparecido diputado socialista Juan Bustos, que aumentaba las restricciones a la prensa endureciendo las penas de cárcel y multas para los profesionales que pudieran dañan el prestigio de determinadas personalidades.

Ahora, hace muy poco, sucedió con el famoso Feriado Bicentenario, discutido con el desbordante entusiasmo que provoca entre nuestros parlamentarios la idea de celebrar las Fiestas Patrias en grande por los 200 años desde que la aristocracia santiaguina se reunió para declarar su lealtad al Rey de España.

Cuando el Congreso aprobó declarar feriado los días 17 y 20 de septiembre para que "el pueblo" tenga cuatro días para "celebrar" el Bicentenario, nuestros parlamentarios nos estaban dando una nueva demostración de que no tienen la menor idea de lo que es, cómo vive y sufre ese "pueblo" con el que se enjuagan la boca a cada rato.

Ignoran que para "celebrar" en familia se necesita al menos algún dinero extra. Y que en Chile sólo reciben un pequeño aguinaldo los funcionarios públicos, los pensionados y la pequeña porción de trabajadores del sector privado que tiene el privilegio de negociar colectivamente; es decir, apenas el 7 por ciento de la masa trabajadora nacional.

La inmensa mayoría de los restantes trabajadores se desempeñan en microempresas, que generan más del 80 por ciento de los puestos de trabajo y que en su casi totalidad no pagan aguinaldo porque no están obligados a hacerlo. Otra proporción son trabajadores informales (sin contrato ni beneficio alguno), independientes y muchos profesionales que se desempeñan a honorarios, moderna forma de subempleo que usan tanto privados como el aparato estatal.

Claro que los señores parlamentarios ignoran todo esto y creen que todos los chilenos tienen privilegios iguales a los que ellos mismos se prodigan. No saben el tormento que son para una familia modesta los feriados prolongados, con el jefe de hogar chocando con las murallas, encerrados en la casa; con la mujer histérica porque la altera la exagerada presencia del marido en casa. Y niños también descontrolados porque no soportan el encierro, no hacer nada o tener que disputarse el único computador -que casi nunca tiene Internet- para entretenerse de alguna forma.

Pero eso no lo imaginan nuestros congresistas, que se dieron por satisfechos cuando se aprobó el feriado adicional de dos días que en total llegarán a cuatro para que las familias pobres celebren el Bicentenario de la Patria sin un peso en el bolsillo y en un hogar alterado por un feriado que para ellos carece de todo sentido y justificación.

Para las familias modestas que no se resignan a gastar el plata de la alimentación mensual o de las cuentas en los cuatro días de jolgorio, el feriado adicional del Bicentenario representa otro presente griego; esta vez, de los congresales: un regalo para pasarlo mal y sufrir verdadera frustración familiar.

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