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26 de julio de 2010

Rambo IV contra El Chino

Por El Chino Mo-Wi / desde K..., Afganistán

Mi amigo Shakespeare -que lo encuentro periódicamente- me lo dijo: "El Infierno está vacío, porque estamos todos aquí abajo..." No recuerdo la frase exacta, porque ese día, yo andaba recorriendo el Paraíso buscando una virgencita que necesitara decir "¡Gracias a Dios!" y, entonces, no estaba para escuchar sus sentencias y tampoco fui un campeón para entender el "Inglich".

Pero él no se equivocaba.

Desde que decidí apoyar a los Talibanes e irme a engrosar las filas de los combatientes de Alá y expulsar a los enemigos del Islam, vivo bajo todo tipo de bombas, tiros de morteros desde el desayuno (después la primera oración) hasta la última, la quinta. No es vida, para decirles franco.

Llegué a Afganistán con la excusa de entrevistar a Bin Laden, pero nadie lo creyó y me dejaron partir convencidos que estoy loco. Los del Talibán tampoco se convencieron con mis argumentos y en la tribu donde me encuentro, un orate es signo de buena suerte y deben como obligación tratarme como a un príncipe. Así que me han adoptado.

Si no fuera por las bombas...

No obstante, logré una entrevista exclusiva de Bin Laden y será publicada en el próximo número de zonaimpacto.cl. Lo que se dice un "golpe periodístico"

Pero ¿por qué el Chino Cochino se dio vuelta la chaqueta y se puso religioso, cuando era el agnóstico más recalcitrante del mundo?

Simple: el Opio. Y como nadie ignora, en Afganistán, un día "volando" no cuesta nada, basta con un euro tengo la cantidad suficiente para cargar las baterías y partir al universo de mis sueños, donde lo de abajo está en el Infierno y yo, arriba, en el Paraíso y mil vírgenes, como me lo prometió el Profeta.

Voy en la cuarenta y seis. Tengo para rato para reírme de puro gusto.

Todo -como siempre-, fue la culpa de La Huasa. Desde apenas comenzaba a quejarme, ¡métale que métale morfina en el Catéter que tengo aquí, al lado del hombro izquierdo! Tanto me quiere, tanto me adora, que ponía doble ración para que no sufriera e irme lo más rápido posible al otro lado, en el patio de los callados.

Desgraciadamente, salí duro, protegido por mi Ángel Guardián, que está de punto las 24 horas del día, protegiéndome de los que me aman. Lo único malo, que sufro de alergia a las plumas y sus alas tiene una calvicie precoz. No podemos tener algo sin contrapartida. Así es la existencia...

Un día me cansé y recordé que en otra época jugué a crearme revolucionario y la rebelión fue espontánea: ¡Partir, partir, partir! ¡No importa dónde, pero partir, abandonar la morfina, este infierno en la Tierra!

En mi memoria de chiquillo conocí algunos cargados a la morfina. Vi en sus brazos las venas destruidas por los pinchazos, en las piernas, entre los dedos de los pies, en cualquier lugar donde pinchar la aguja y partir, partir pero ignoro hacia dónde, quizás el país de Bilz y Pap, pero escaparse de la copia feliz del Edén, con o sin maletas.

No obstante, la droga, realmente, no te lleva a ningún lugar. Ni siquiera al WC (efectos de la morfina) y te cargan por otro lado medicamentos para desahogarte como corresponde.

Sin embargo, el Opio, no. La primera vez que fumé las primeras pipas, fue en Lima, en un tugurio del respetado barrio "La Perla", a las puertas del Callao. Durante días viajé por todos los mundos oníricos que he conocido, hasta olvidarme de mí mismo, olvidar todo lo que me obligó a abandonar mi país, mi amor, mis ternuras. Volví a caer una segunda vez, en Birmania, en uno de otros tantos de mis viajes, buscando la famosa mina de rubíes que me enriquecería, pero sólo encontré otros sueños, entre humo y humo, en un camastro miserable a Rangún.

Ahora, acá en K..., Afganistán, donde con un euro por día desaparece la enfermedad y reencuentro a mi Huasita como la dejé ayer, en sus diecinueve años y no casi sesenta actualmente (¡Pero sigue siendo hermosísima!) y le vuelvo a inventar nuevos mundos, nuevos sueños y a la cresta los dolores, los malos augurios, los cuervos en la ventana, las últimas disposiciones y así protegerla incluso cuando ya no esté a su lado.

La ventaja del Opio es que te permite entrar en el Paraíso que has creado en tu imaginación. En cambio, la morfina te deja ahí postrado, con los ojos abiertos, rogando que el viaje sea pronto, sin ruido, ojala mientras estás durmiendo; que el famoso túnel se abra y encuentre a los míos que me precedieron al Cosmos y volver a reír muerto alegría, convencido que me escapé del Infierno terrenal para alcanzar el Paraíso de los Sueños.

De ahí que hoy me encuentro en Afganistán, combatiendo. Me han dicho que mañana debo enfrentar al famoso Rambo IV y su famoso arco y flechas explosivas. El pobre no sabe que tengo un Ángel Guardián (que me mandó la Ximena Tapier desde Concepción) y que poseo la mejor arma de la Tierra: mi Onirismo, mismo si me privaran de la morfina y otras yerbas.

Esta es la droga que durante toda una existencia me ha sostenido. Hasta el último día.

¡Prepárate Rambo IV, que aquí llegó El Chino Cochino y su corvo libanés para abrirte el vientre y ponerte como regalo una corbata colombiana!

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